SOBERBIA DE BRUTO

Dicen que nada hay peor que la soberbia del bruto. Porque cree saberlo todo y termina imponiendo sus desvaríos a los demás. Cuando un gobernante así actúa, todos estamos en problemas.

Carlos Arroyo llegó al poder con la soberbia del que “la tiene clara”. No solamente por demoler todo lo que se había hecho anteriormente, sino por su convencimiento de que todo era solucionable a partir de su y su propia “voluntad”.

A poco de andar se dio cuenta que nada de eso era cierto. Que Macri y Vidal no eran dos burros, que Pulti no era un mal administrador por girar en descubierto o utilizar fondos afectados para el mismo fin, sino que no existía otro camino para cumplir con los compromisos salariales, y que clausurar el Hermitage por tener tres matafuegos vencidos sobre un total cercano al centenar era una estupidez que terminó lanzando a su propia gobernadora en brazos del enemigo al que se llegaba desde el prejuicio.

De su pomposa promesa de bajar a la mitad el presupuesto de la empresa recolectora de residuos a esta realidad de haber triplicado el monto del mismo hubo ciertamente un océano de distancia. Como ocurrió con aquel “a mi no me van a cortar calles ni quemar gomas” que aún rebota con las carcajadas de aquellos a los que iba dirigida la bravata.

“Voy a gobernar con 6 ó 7 funcionarios políticos” sostuvo, y a la fecha se ha convertido en el intendente que más familiares, amigos y allegados ha nombrado en la planta funcional en toda la historia de la ciudad, sin que nadie les conozca antecedentes y mucho menos actividad alguna.

Y como todo bruto que además es soberbio, sigue sin darse cuenta del desastre que comanda, continúa decidiendo en contra de la realidad y somete a Mar del Plata y Batán a un tiempo de retraso, endeudamiento y retraso. Solo salvable por la decisión de la gobernadora de ir quitándole poco a poco todo manejo, hasta convertirlo en una grosera caricatura de lo que no debe ser.

Ya no tiene sentido enojarse con el intendente y ni siquiera seguir con mucha atención sus erráticos pasos. Es el primer caso en este tiempo democrático de un funcionario cuya opinión ya no importa ni sus órdenes son seguidas por alguien.

La reciente presentación del Presupuesto 2018, del que ni siquiera se le consultó algo ni se le pidieron prioridades, es la demostración más cabal de todos sus errores: el 80% de los ingresos previstos (los reales serán menores) irán a parar a sueldos y contrato de basura, se solicitarán descubiertos para sueldos y se utilizarán fondos afectado para el mismo fin ; nada hay nuevo bajo el sol y más que un proyecto aparece como una bandera de rendición de aquellas promesas vacías y estridentes.

Pero debe servir de lección a la ciudadanía, para evitar el disparate de volver a votar “contra alguien” sin mirar siquiera las características mentales, culturales y emocionales de aquel al que elegimos como instrumento de nuestros enconos.

Porque a veces, es peor el remedio que la enfermedad…