¿Temporada si o no?: cielo, infierno…o purgatorio

Por Adrián Freijo A medida que se acerca el verano la discusión entre quienes urgen por más aperturas y los que se alarman por los datos epidemiológicos crece sin parar. ¿Dónde estamos?.

Dato positivo de la realidad: en Mar del Plata se ha achatado la cifra de contagios y desde hace varias semanas se mantiene en un rango inferior a los 150 diarios. Eso hace que podamos hablar, por ahora, de una estabilidad sanitaria que debería ser el anuncio de que lo más grave ya quedó atrás. Paralelamente la ocupación del sistema de salud abocado a la pandemia es cada vez menor y está lejos de la situación de colapso, y aún a la de estrés, que en su momento se denunció.

Dato no tan positivo de esa misma realidad: el número que muestra la meseta es todavía alto y parece que nada logra hacer que ceda y comience la etapa de disminución.

Por lo tanto no es descabellado suponer que la ciudad está en buenas condiciones para asumir el riesgo de una temporada que, más allá de los protocolos previstos para cada actividad, no puede evitar representar un riesgo sanitaria que habrá que seguir muy de cerca. Y aceptar que esas buenas condiciones distan mucho de ser las óptimas…

La actual situación epidemiológica del distrito camino a la temporada ameritaría “volver a hacer una cuarentena focalizada de diez días”, según indicó el médico infectólogo Eduardo López, integrante del comité asesor del Ministerio de Salud de la Nación en declaraciones radiales en la ciudad. Basa su propuesta en que a una semana de la temporada, la ciudad no logró aún tener menos de cien nuevos casos de Covid-19 por día. 

Pero la realidad parece ser otra; las autoridades nacionales y provinciales ya han informado que no hará falta testeo alguno para ingresar a la ciudad, los teatros, restaurantes, balnearios y bares ya se preparan para abrir sus puertas y las playas públicas estallan de gente ante la más tímida aparición del sol.

Además, a menos de diez días del comienzo formal de la temporada y frente a la posibilidad de que sea mucha mayor la cantidad de visitantes que elijan diciembre para escapar a posibles congestiones después de fin de año, nada se ha hecho para reforzar el sistema de salud y ninguna de las promesas realizadas por el gobierno provincial parece por el momento avanzar en realidades. 

Y ello representa el riesgo de volver a tensionar la oferta sanitaria: con aproximadamente 50 casos más de los que se detectan ahora diariamente se hablaba del riesgo de quedar sin respuesta. ¿No indica la lógica que, aún en los actuales niveles locales, si se genera el ingreso de miles de turistas aquella cifra puede volver a impactar sobre la realidad?.

No estamos en el infierno pero tampoco podemos considerarnos en el paraíso. Transitamos una especie de purgatorio en el que debemos lograr que nuestras virtudes emerjan por sobre nuestros vicios para conseguir pasar airosos esta prueba que tenemos por delante.

El comportamiento social, sobre todo en la franja etárea generalmente más proclive a la rebeldía, no ha sido ni es el ideal: playas repletas, bares atiborrados, fiestas clandestinas, la casi desaparición de los tapabocas y una peligrosa sensación de normalidad suponen un riesgo que no deberíamos correr.

Aunque por cierto no son solo los más jóvenes los que parecen no comprender que nada ha terminado y que, vacuna mediante, solo después del próximo semestre podremos ver avances importantes en eñ fin de esta tragedia. Muchos adultos -y casi la totalidad de los que lucran con el desenfreno juvenil a la cabeza- parecen no entender que apertura no es un «aquí no ha pasado nada» y que ahora podemos realizar actividades que hasta hace pocos días estaban vedadas pero a las que hay que regresar con prudencia y cuidado.

Y por último…estamos solos. Consciente del fracaso de sus políticas y de los estragos de la absurda cuarentena impuesta por meses, el gobierno se ha retirado de escena y ya casi no habla de la cuestión. Si hasta sus principales figuras actúan y se mueven como si todo hubiese retornado a la normalidad.

Está en nosotros definir donde estamos, para saber a donde llegaremos luego del desafío de la temporada. Porque el cielo y el infierno están a la misma distancia del purgatorio…