Todo lo que los argentinos debemos agradecer a Boca y a River

Redacción Si es verdad que las sociedades se construyen desde el ejemplo, los dos clubes más grandes de la Argentina acaban de hacer un aporte invalorable. Lo que debemos concluir de ello.

La verdad está expuesta, el velo que la cubría -y que en realidad era ya bastante transparente- se ha corrido para que todos podamos ver la escena real. Y allí encontramos la mentira, la estafa, el uso criminal del amor por una divisa, el delito en varias de sus formas y hasta psicopatías que cada vez parecen más necesarias para llegar a ocupar puestos de expectación en la Argentina.

Boca y River, sus presidentes, sus directivos y sus periodistas pagos, son la cara visible de lo peor de nuestro país. Convertidos en verdaderas asociaciones ilícitas han terminado copiando la estructura conceptual que hiciese famosa Pablo Escobar Gaviria y que consistía en despersonalizar el delito, convertirlo en simple instrumento de “objetivos superiores” y solo valorar los resultados por su coronación en éxito o fracaso. De como se había conseguido…nadie hablaba.

Mientras Rodolfo D’Onofrio jura, con cara de abuelito postmoderno que River es víctima de “veinte inadaptados que no representan al club” y en base a ello utiliza los medios para desafiar a su par boquense tildándolo de cobarde, la justicia descubre que las entradas en poder del barra brava allanado no eran falsificadas sino que habían sido entregadas por la misma comisión directiva que encabeza el ofendido presidente.

Horas después los micros que llevan a los hinchas a Mar del Plata para presenciar la semifinal de la Copa Argentina, fletados por el mismo club, son detenidos por la policía en la ruta y se les secuestra drogas, armas… y más entradas falsas. Parece que en River los inadaptados son especialistas en mimetizarse con los buenos hinchas y además todos tienen imprenta.

Pero D’Onofrio seguirá diciendo que el club es víctima y no victimario.

¿Necesita el lector que le definamos el concepto de psicopatía?, como no, “enfermedad o trastorno mental, en especial el que se caracteriza por una alteración del carácter o de la conducta social y no comporta ninguna anormalidad intelectual“.

Del otro lado Daniel Angelici se ha convertido en el paradigma de la justicia: no va a mandar a su equipo a la cancha hasta que la CONMEBOL sancione a quienes cometieron la violación a sus reglamentos.

Lejos quedaron sus berreos gritando a los cuatro vientos que los partidos se ganaban en la cancha. Y aún nada ha podido explicar acerca del hueco que cada domingo queda en la cabecera de Casa Amarilla para que haga su ingreso “La Doce”...que en teoría ya no existe. Y por supuesto que con ella llegue triunfante Rafa Di Zeo que, también en teoría, no puede ingresar a La Bombonera.

Boca y River nos han dejado, en pocas horas, un ramillete de ejemplos a tener en cuenta:

-el ejemplo de lo que pasa cuando la violencia es apañada institucionalmente,

-el ejemplo de como mentir para adaptar la verdad al relato que más nos convenga,

-el ejemplo de como se utiliza la representación dentro de una institución para realizar negocios personales, aunque para ello haya que aliarse con delincuentes de todo tipo,

-el ejemplo de la ineficiencia, la torpeza y la ineptitud.

-el ejemplo de la manipulación de los valores, algo propio de quien no los tiene ni los tendrá nunca.

-el ejemplo, por fin, del camino a recorrer para asegurarnos el desprestigio, el fracaso y el desprecio de todos los seres civilizados.

Si alguna vez nuestros hijos nos preguntan que es lo que nunca hay que hacer, bastará con mostrar la síntesis de estas pocas horas y decirles simplemente “esto”.

Y entonces tomaremos conciencia de todo lo que debemos agradecer a Boca y a River, quienes amparados en su gloria deportiva terminaron convirtiéndose en prostibularia muestra de todas las miserias.

Aunque uno siga cantando que “el más grande sigue siendo River Plate” y el otro le conteste “Boca Juniors, Boca Juniors, gran campeón del balompìé”.

Ecos musicales de tiempos remotos que no han de volver…