Todos buscan el «voto religioso». ¿Existe?.

Por Guillermo Villarreal – Los candidatos salen a la caza del «voto religioso» acicateados por la experiencia Bolsonaro en Brasil. Pero en Argentina la historia muestra resultados muy distintos.

Ante una elección presidencial que se presenta muy pareja es lógico que los principales competidores no quieran desaprovechar ningún voto. La sofisticación de las técnicas de captación de votantes lleva a una minuciosa segmentación del electorado y a la elaboración de un mensaje adecuado a cada sector.

En ese contexto, es lógico que los dos grandes frentes partidarios, Juntos por el Cambio y Frente de Todos, incluyan en su estrategia a los fieles más practicantes de las diversas confesiones religiosas. Ahora bien: ¿Existe el voto religioso? ¿Existe el voto católico? ¿O el voto evangélico? ¿O el judío o el musulmán?

La historia electoral de la Argentina demuestra que los partidos políticos se nutrieron del voto de los fieles de las más diversas religiones. Y por caso, pese a que el peronismo en su segundo gobierno se enfrentó duramente con la Iglesia -al punto de que se quemaron una docena de templos y se encarcelaron sacerdotes y fieles- muchos católicos votan al justicialismo. Como también, a pesar de su fama de laicista, no pocos católicos votan al radicalismo. Mientras que los evangélicos conservadores -el sector mayoritario- vota a candidatos de centro derecha y los progresistas a fuerzas de izquierda.

Acaso el intento más prominente y eficaz de captar el voto religioso, particularmente el católico, fue en la campaña que en 1946 llevó al gobierno al general Juan Perón. En efecto, el ascendente militar decía que sus propuestas se inspiraban en la doctrina social de la Iglesia. Ya en la Casa Rosada impulsó y logró que la enseñanza religiosa en las escuelas públicas – establecida por decreto en 1943 por el gobierno de facto del general Pedro Ramírez- fuese aprobada por ley. Si bien al estallar en 1954 el conflicto con la Iglesia decidió y obtuvo su derogación como de otras medidas caras al catolicismo.

Desde entonces no puede decirse que el «voto religioso» o el «voto católico» haya sido clave en alguna elección. O que el clero haya tenido una influencia relevante en la orientación del sufragio de los fieles. Por lo demás, cada vez más la Iglesia se fue mostrando respetuosa de su premisa en cuanto a que su jerarquía eclesiástica lo único que puede hacer es dar algunas orientaciones que los feligreses deben tener en cuenta a la hora de votar, como la preocupación de los candidatos por la justicia social y la defensa de la vida. Pero a la hora de entrar al cuarto oscuro gozan de total libertad.

Si las religiones no tienen incidencia en el direccionamiento del voto de sus fieles para beneficiar a un candidato o partido, ¿la tienen para evitar que voten a un candidato o partido? Quizá el único ejemplo más a la mano – tal vez el único – sea la última elección a gobernador en la provincia de Buenos Aires, cuando en muchas parroquias bonaerenses se dejó trascender preocupación por la candidatura de Aníbal Fernández, ya que lo acusaban de tener vínculos con el narcotráfico. Lo cierto es que María Eugenia Vidal terminó ganando unos comicios muy reñidos.

Con vistas a las elecciones de octubre aparece un factor divisorio de aguas en la sociedad como pocos y fuertemente objetado por la Iglesia católica y casi todas las comunidades evangélicas: la legalización del aborto. Si bien fue rechazado el año pasado en el Senado, sus partidarios ya fogonean un nuevo tratamiento. Pero no está claro su impacto porque Mauricio Macri, pese a haber habilitado el debate, se declara celeste. Cristina Kirchner, de oponerse, pasó a estar a favor, pero en un reciente discurso dijo que su espacio debía incluir a los antiabortistas.

Pero el hecho de que la elección aparezca tan polarizada parece quitarle peso a cuestiones puntuales. De todas formas, para las confesiones religiosas siempre será importante que los candidatos dejen en claro su posición sobre temas muy caros a su sentir como el aborto. Precisamente uno de los argumentos del clero cuando Macri habilitó el tratamiento en el Congreso fue que el debate no venía precedido de una legitimación del electorado porque sencillamente las principales fuerzas políticas no se habían definido al respecto en la última campaña.

Si el «voto religioso» no existe o es en buena medida una abstracción, sería conveniente entonces que los candidatos –como les pidieron los curas villeros en un documento que difundieron el primero de mayo– se dedicaran a explicar claramente sus propuestas, sobre todo para combatir la pobreza. La campaña podría dejar de ser –o ser menos– un torneo de slogans, chicanas y frases desafortunadas y convertirse en un debate productivo. Aunque para los expertos en campaña esto quizá puede ser supuestamente poco rendidor electoralmente.

Al fin de cuentas, la polarización puede servir para ganar elecciones, pero no para gobernar.

Fuente: TN y VR