Tras los muros, sordos ruidos oír se dejan de corceles y de acero

RedacciónEl intendente y sus gente de confianza están convencidos de que es un «ahora o nunca». Las internas de la interna devoran a los radicales y el PRO poco y nada aporta.

Se acercan tiempos de conmoción electoral, el malhumor de la gente va en un crescendo peligroso y no aparecen ni las obras ni las soluciones más sencillas.

Carlos Arroyo sabe que el tiempo de la siembra se va acortando y teme con razón que de no mediar un cambio tan urgente como dramático la cosecha va a ser escasa y de baja calidad. Teme que en ese escenario no solamente sus posibilidades políticas desaparezcan sino que vuelvan a la carga los fundamentalistas que pretenden empujarlo fuera del gobierno para quedarse con la llave de una ciudad ávida de liderazgo político.

Hacia donde mira lo que observa es preocupante. Los radicales arden en mil internas en las que las más torpes ambiciones aparecen como único elemento de debate y estrategia, potenciando hasta la grosería la imagen de un partido en extinción y del que todos sus miembros pretenden herencias difíciles de mensurar pero que ciertamente no parecen demasiado voluminosas.

El PRO, tan menguado en Mar del Plata que debe recurrir a importar inexpertos y torpes funcionarios que aportan más problemas que soluciones, no parece estar en condiciones de acercar siquiera algun mendrugo que alimente chances ciertas de crecimiento para la administración.

Y su propio partido -si es que alguna vez existió más allá de su otrora carismática figura- no esboza otra cosa que pasivas lealtades, torpes rebeliones y nulas ideas.

Se entiende entonces que el intendente se recueste en las lealtades insobornables que le brindan su propio hijo y su cada vez más influyente yerno Mauricio Loria que, a cambio de su inexperiencia política, acercan la seguridad de que ninguna operación extraña se esconde tras sus movimientos.

Pero todo suena a poco, como poco es también el tiempo que queda para lograr una construcción estratégica que fortalezca las chances de gobernar, acotadas por la nula o escasa ayuda de la provincia y la nación, más empeñadas en fogonear la lucha por el poder que en rescatar a quien fue elegido por la gente.

Una situación tan delicada como emergente y la necesidad urgente de tomar decisiones que enderecen la nave hacia el puerto que Arroyo elija como seguro. Tan seguro como que el tiempo se agota y, apenas pasado el verano, los pasillos municipales se llenarán de postulantes a ocupar lo antes posible el despacho principal de la comuna.

Algo que lo obligará a buscar en los mecanismos que tan bien conocía como  profesor de Metodología de la Investigación Científica para entender como salir hacia arriba del laberinto que la poca solidez de Cambiemos fue construyendo a su alrededor.

Menuda tarea…