Tras los muros, sordos ruidos: que Montenegro no sea Cabral

Por Adrián FreijoSe nota el esfuerzo por tender puentes con el oficialismo en provincia y nación. Pero el riesgo sigue siendo quedar rehén de las internas del Frente de Todos.

Todos los movimientos del intendente marchan en una sola dirección. Guillermo Montenegro está dispuesto a mantener una relación fluida con la administración provincial que encabeza Axel Kicillof y también con el gobierno de Alberto Fernández. Sabe que de ello depende en gran medida el éxito de una gestión que deberá lidiar con un municipio eternamente deficitario, ya que aún ajustando el gasto al máximo posible nada podrá avanzarse en materia de obras si no se cuenta con la asistencia financiera de ambas jurisdicciones.

Y sabe también que la puja interna en su espacio, hoy traspasado por las miradas opuestas de halcones y palomas, responde a intereses y aspiraciones personales y partidarias que poco tienen que ver con la acción de gobierno. Tal vez un eje estratégico con Horacio Rodríguez Larreta y los intendentes de La Plata y Bahía Blanca podrían servir para articular un «bloque realista» que parecen no tener muy en cuenta en las cercanías de Mauricio Macri y sobre todo en los campamentos radicales donde, con matices, se apuesta a un rápido desgaste del Frente de Todos para acelerar el retorno al poder a partir de la elecciones del año próximo.

¿Qué puede ocurrir con su administración si esa interna estalla también en torno al kirchnerismo, siempre duro y amigo del «vamos por todo», y el incipiente albertismo que ya no disimula su incomodidad con las posturas combativas -y no siempre calculadas- del gobernador bonaerense que responde a la estrategia determinista de Cristina Fernández de Kirchner?. La tentación de ocasionar un desgaste local que asegure en 2021 el triunfo, la mayoría y un liderazgo de Fernanda Raverta, que la instale en las soñadas puertas de lograr un municipio siempre esquivo, está latente y no son pocos los que aseguran que ese será el objetivo.

Ni los aprestos de combate propios, en Juntos por el Cambio, ni los ajenos están hoy entre las cosas que Montenegro pueda dominar. Y el equilibrio y la moderación mostradas hasta ahora no son suficientes para sostener en el tiempo buscando evitar el choque de planetas.

Mientras teje pacientemente su relación con los vecinos y se esfuerza por demostrar un cambio de tono en la relación entre estos y el gobierno, el intendente espera la evolución de las luchas internas que pueden determinar su propio futuro. No puede, por ahora, hacer otra cosa…

De su paciencia, su capacidad para comunicar y enamorar, de las alianzas que logre tejer con los factores de poder local y con sectores moderados del peronismo gobernante dependerá mucho de su futuro.

No será fácil…tras los muros, sordos ruidos oír se dejan. Y Montenegro no quiere ser el sargento Cabral.