Era previsible su salida como no lo eran las muchas que se dieron hasta el momento. El 1° de junio José Cano dejará la Secretaría de Hacienda y la UCR, servilleta y cubiertos en mano, espera mesa.
Las dos cosas se esperaban; la ida de Cano y la sucesión radical. Hace ya semanas el nombre de Gustavo Schroeder, hombre de boina blanca, contador y titular de la institución que nuclea a los ex combatientes malvineros, parece ser número puesto para ocupar su lugar.
De lograrlo la UCR se habrá quedado con Gobierno, Obras, Desarrollo Social y…la caja. Es decir, será la dueña real del gobierno de Carlos Arroyo.
La puja con el PRO encabezado por un Juan Aicega que por fin no se siente solo -los «coordinadores» enviados desde CABA le auguran algo de compañía en su lucha solitaria para ordenar la gestión desde lo político- no será fácil. Los amarillos saben que si a sus aliados se les entrega tantos resortes de gobierno va a ser difícil frenar sus sueños de poder.
Más allá de la ronda de nombres -a la que se sumó el nombre de Abel Valderrey, ex Secretario del área durante la gestión de Aprile- Gustavo Blanco le pidió a Zorro Uno el tiempo suficiente como para buscar una alternativa propia. Siente sobre su nuca el aliento de Vicente y De Paz y sabe que un nuevo casillero llenado por los del comité de San Martín y Dorrego lo va a dejar en un plano de excesiva debilidad.
Lo único cierto por ahora es que Cano da las hurras. Todos los boletos estaban puestos en que iba a ser el primero; nadie pudo sospechar la catarata de abandonos que iba a precederlo.
Casi como para que del cascarrabias funcionario pueda decir en el futuro que fue uno de los que más tiempo duró en el gabinete de Arroyo.


