UN AÑO ETERNO

Fue largo, doloroso, sorprendente; por momentos indignante. El año transcurrido desde la noticia de la muerte de Alberto Nisman quedará en la memoria como un espacio de estupor y vergüenza.

¿Cómo puede llegar una sociedad a convivir con la peor de las miserias sin estallar de furia y hastío?. ¿Cómo puede convertirse en algo habitual el aceptar que una verdad conmovedora nunca llegará a conocerse y que ello ocurrirá porque unos pocos resolvieron ocultársela al conjunto?.

Todos los argentinos sabemos que la muerte del fiscal no puede cerrarse con la figura de un suicidio convencional. De esos que arrastran historias de dolor, angustia, soledad o impotencia.

[Tweet «Nisman: cualquiera sea el resultado de la «investigación», la duda ya está clavada para siempre»]

Alberto Nisman estaba en el momento más movilizador de su vida. Iba a denunciar a la propia presidente basándose en evidencias que aún discutibles desde lo jurídico no tenían grieta alguna desde lo empírico. Todos escuchamos aquellas grabaciones que involucraban a dirigentes muy cercanos al gobierno en uno de los pactos más vergonzosos que un país -despreciando a sus muertos y burlándose del dolor de sus allegados- haya firmado con un agresor en toda la historia del país.

Por salvar la vida de miles de franceses el mariscal Petain, un héroe intocable de su país, pactó con Hitler y terminó sus días arrasado por la vergüenza y el escarnio.  Despreciando una hora dramática de la historia nacional a cambio de algunos barriles de petróleo que sirvieran para maquillar sus disparatadas políticas energéticas, Cristina entró en negociaciones con un estado sospechado de haber cometido uno de los más graves atentados de la era moderna…y en nuestro suelo.

[Tweet «Nisman: Como en Cromañón, Once, o la muerte de Mariano Moreno. Siempre la duda»]

Y el hombre que había reunido los elementos necesarios para desenmascarar la criminal trama y se había atrevido a una denuncia jurídica sobre la cuestión, resuelve quitarse la vida horas antes de llevar sus pruebas a un ámbito político en el que seguramente tendrían mayor repercusión que en la frialdad de un expediente.

Absurdo, imposible. MENTIRA.

Después lo de siempre. La gente enojada por unos días; esas marchas multitudinarias que terminan con todos cenando tranquilamente en su casa y la frivolización que antecede al olvido.

Un año después el objetivo de los perversos está plenamente logrado: cualquiera sea el resultado de la «investigación», la duda ya está clavada en nuestros corazones para siempre.

Como en Cromañón, Once, la fuga de General Alvear...o la muerte de Mariano Moreno. Siempre la duda; desde el fondo de la historia.

Un año después nos queda el dolor pero se evaporó la esperanza de justicia. Y es con justicia como se construyen las civilizaciones, aún sobre el dolor.