Un atropello inaceptable y el valor del ejemplo del gobernante

Redacción Lo ocurrido durante los allanamientos en la búsqueda de los responsables de las pintadas contra el intendente obliga a reflexionar acerca del ejemplo que se exige al gobernante.

Este martes por la tarde, cuando fue por los jóvenes, la fuerza policial destrozó la puerta de ingreso a la casa de tres personas de la tercera edad que vieron su calma interrumpida por la irrupción de más de 15 personas que, lejos de entender razones, insistían en maltratar a los moradores sin tomar conciencia del error cometido.

«Hasta que se dieron cuenta que no era el departamento que buscaban, revolvieron y destrozaron todo lo que encontraron a su paso» dice Rubén el que junto a su hermano estaba tirado en el piso mientras todo ocurría.

«Hasta nos rompieron la puerta del dormitorio. Ellos podrían haber averiguado antes quién vivía en qué lugar. Cuando vieron que se equivocaron, se fueron y bien, gracias«, relató Rubén a Radio Residencias esta mañana. «Somos todas personas de 70 años y tenemos problemas cardíacos», deslizó y recordó que «estas cosas pasaban en épocas malas».

«Yo les pregunté quién se haría cargo de eso -por las puertas rotas y todo lo tirado al paso de unos 15 efectivos de policía, algunos encapuchados- y no me respondieron nada«, se lamentó Rubén, que debió pasar la noche con una tabla clavada en la puerta de entrada.

Un atropello que no tiene explicación y que exigía algo que no ocurrió hasta el momento: la disculpa de las autoridades policiales y la solidaridad del intendente Arroyo con sus atribulados vecinos.

Y algo que no podemos soslayar y debemos denunciar antes de que sea tarde; lo ocurrido jamás hubiese podido pasar si el despacho principal de la comuna estuviese ocupado por Don Angel Roig, Elio Aprile, Daniel Katz o el propio Gustavo Pulti, más allá del juicio de valor que cada uno de nosotros tenga sobre el éxito o fracaso de sus gestiones. Ningún efectivo policial se hubiese animado a actuar de esta manera salvaje porque sabía que el castigo por semejante violencia sería ejemplar.

Descontamos cualquier responsabilidad directa de carlos Arroyo en lo ocurrido, pero no es menos seguro que cierta tendencia del jefe comunal a los discursos épicos, las figuras grandilocuentes y las actitudes orales heroicas pueden ayudar a confundir a quienes creen que este tipo de cosas es propio de una «guerra» en la que no es muy claro poder identificar al «enemigo».

Claro que para entenderlo hay que estar convencido de la vigencia irrestricta de los derechos humanos de cada ciudadano. Y el silencio oficial sobre lo ocurrido puede prestarse a sospecha sobre todo lo contrario.

Y ello es muy peligroso.

Foto: Gentileza Diario La Capital