Un discurso que no logra esconder carencias y contradicciones

(Redacción) – Los integrantes del oficialismo, con Daniel Scioli a la cabeza, pretenden convencer a la gente que Macri encarna una reedición de la Alianza. Una absurda subestimación del votante.

El candidato presidencial del Frente para la Victoria Daniel Scioli, cuestionó a su contrincante Mauricio Macri, con quien se medirá en el balotaje del 22 de noviembre próximo, por proponer «un gobierno para los intereses concentrados y el poder económico», al tiempo que diferenció la plataforma del FpV que busca «mantener lo logrado».

Y una vez más, como viene siendo una constante en los últimos días, emparentó el proyecto de Cambiemos con el de la Alianza que gobernó la Argentina a partir de 1999 y que culminó anticipadamente su tiempo con la renuncia de Fernando de la Rúa y la explosión del 2001.

Más allá de las notorias diferencias entre aquel armado y esta unión de fuerzas -seguramente en las cercanías de Scioli hay muchos más integrantes de aquella Alianza que en el entorno de mauricio Macri- y de las diferentes realidades en el país y en el mundo, la estrategia parece continuar basada en una subestimación de la gente y en la convicción de que el electorado no puede ver la realidad.

¿Y cual es esa realidad?; pues tan notoria como apabullante.

En primer lugar Scioli sigue tratando flotar entre los enojos de Cristina y las aspiraciones del ciudadano común que ya ha expresado con claridad su hartazgo por todo lo que rodea hoy a la presidente y a su gobierno. Y al no atreverse a marcar diferencia alguna, el ex motonauta sigue aferrado a slogans y frases huecas que el 25 dejaron en claro su insuficiencia para volcar la suerte para su lado.

Además Scioli cree que sus permanentes cambios de opinión -ahora dice que su gabinete está abierto cuando antes del comicio del domingo sostenía que tenerlo completo era una muestra de previsibilidad que indicaba que su proyecto era sólido- pasarán desapercibidos y que nadie tomará nota de la endeble improvisación que caracteriza todo su armado.

Y por último, su desesperada adhesión a la plataforma de Sergio Massa indica que no hay una idea de base y que todo depende del momento y sus circunstancias. ¿Se imagina si los votos a buscar por parte del candidato fuesen los de Nicolás Del Caño?.

Sin dejar de tener en cuenta las aclaraciones que Carlos Zannini hace en forma permanente «reinterpretando» los dichos del candidato y el desprecio que Cristina se esfuerza por evidenciar en cada aparición pública. Es decir, un mensaje inmodificable que nos recuerda que «este tipo nada tiene que ver con nosotros».

Todo tan liviano e irresponsable que lo que queda en evidencia es que tanto Scioli como su entorno tienen un solo objetivo que es llegar al poder a como sea.

Y que creen sinceramente que el electorado es estúpido.