Un marplatense que dejó Río de Janeiro y eligió Rumania junto a su familia carioca

Agustín Minguez vivió en Brasil desde que tenía 16 años y allí estableció su núcleo familiar, pero apareció una propuesta de trabajo en Rumania y no lo dudó.  Cambió la inseguridad creciente de Río por la tranquilidad de Bucarest.

Así como sus padres dejaron Argentina para mudarse a Brasil cuando él era adolescente, varios años después -como jefe de familia-, Agustín vuelve a repetir su historia pero de Río de Janeiro a Bucarest.

La empresa en la que trabaja le propuso el impesado traslado a la capital de Rumania, un país del que no sabía demasiado más allá del recuerdo futbolero de aquel equipo que eliminó a Argentina en el Mundial ’94 o haber escuchado alguna vez la historia de la gimnasta Nadia Comaneci.

«Era una súper oportunidad venirnos a Europa», cuenta Agustín Minguez desde su nueva realidad en diálogo con Radio Brisas en el programa Un Lugar en el Mundo. «La situación en Brasil no era muy buena. Viví allá más tiempo de lo que viví en Mar del Plata y ya no estaba bueno. Rumania no era el destino que quería porque estaban Italia y España como opciones, pero estudiamos la situación de Rumania y decidimos aceptar el desafío», asegura.

En el proceso de adaptación se ponen sobre las mesa los pro y los contra de semejante cambio familiar. En ese sentido, reconoce que «el cambio más grande es que ahora no tenemos el apoyo de la familia y amigos. Acá estamos los cuatro solos. Como familia estamos muy unidos, siempre juntos y eso nos está haciendo muy bien. Vivo muy cerca del trabajo, del colegio de los chicos y no perdemos tiempo en el tránsito. La vida acá está muy buena».

Antes de llegar a Rumania, Agustín ya se había contactado con grupos de argentinos en Bucarest y eso le permitió poder armar encuentros entre compatriotas de inmediato con propuestas que van desde un típico asado hasta juntarse para jugar al fútbol o un partido de padel. Además como amante del deporte también fue como espectador a ver fútbol a la cancha y quedó sorprendido porque se volvió del estadio a las doce de la noche en monopatín eléctrico sin que nadie lo molestara. «Eso en Brasil sería un suicidio», afirma.

Aunque aprender el idioma sea un desafío más que exigente, los Minguez saben que tienen que pasar por la experiencia y tratar de incorporar nuevas constumbres para poder sentirse a gusto e integrados. «Venimos a una ciudad en la que se habla rumano y es un shock, pero los chicos se están enganchando en la escuela y estamos remándola», reconoce.

En una interesante charla con la periodista Florencia Cordero en Radio Brisas, el marplatense Agustín Minguez describió los detalles de la vida cotidiana en Bucarest, a la que definió como «una ciudad con violencia cero, donde la gente es amabe y las cosas funcionan».

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