Un triunfo, una derrota y mil lecturas diferentes

Por Adrián FreijoEl triunfo de Alberto Fernández abre una nueva etapa en la cambiante historia argentina y deja lecturas que sería bueno que todos supiesen leer.

Con más de un 7% de ventaja y superando con comodidad el umbral del 45% que lo deposita en la Rosada en primera vuelta, discutir el triunfo de Alberto Fernández representaría el peor de los pecados que puede hacer un ser pensante: caer en el abstracto desde el prejuicio.

Ha quedado en claro el deseo de cambio de clima que la mayoría de los argentinos buscan y el hartazgo por un gobierno que solo supo encerrarse en si mismo hasta que el cachetazo de la realidad que emergió en las PASO lo convenció de que «la gente» es algo más que un número en una planilla excel al que se puede correr de columna con un focus group o un slogan más o menos chispeante.

El nuevo presidente toma el país en una situación grave por donde se la mire.

En lo económico la fuga de reservas, que nada hace pensar que se frenará en las próximas semanas, ciñe sobre el futuro inmediato la amenaza de nuevas pérdidas en el valor real de nuestra moneda. Emitir sin respaldo para aliviar artificialmente el bolsillo de la gente sería suicida; no habría que andar mucho en el tiempo para que un nuevo brote inflacionario nos colocase peligrosamente en cercanía de una híper.

En el campamento del nuevo gobierno lo saben y saben también que los equilibrios que los tiempos que vienen requerirán obligarán también a apelar a la paciencia de millones de argentinos a los que durante la campaña se le han prometido reivindicaciones que en muchos casos tardarán años en llegar.

Y sabe también Alberto Fernández que lo que intente hacer deberá construirlo sobre un escenario internacional hostil, en el que la recesión ya ha hecho mucho más que tocar a la puerta. A una economía que no despega debe ahora agregarse un estallido social que afecta vastas zonas del planeta y que empuja a los países centrales, con Estados Unidos a la cabeza, a cerrar sus economías y concentrar todos los esfuerzos en que las consecuencias de estas turbulencias no afecten a sus ciudadanos.

Por lo demás, si es cierto que el nuevo mandatario buscará volver a los alineamientos geopolíticos que caracterizaron al gobierno de su hoy compañera de fórmula, la calle por la que debería transitar el país para conseguir por fin inversiones y financiamiento -sin los que será imposible encarar cualquier proyecto de desarrollo- se angostará peligrosamente hasta depositarnos en los brazos de China o Rusia, dos países que no han hecho otra cosa que aprovecharse hasta el atropello de aquellas naciones cuyos gobiernos cometieron la ingenuidad de creer en sus promesas. Ambos pueden ser una buena alternativa comercial pero de ninguna manera un socio estratégico y menos único.

Pero existe otra cuestión que sería bueno que quienes van a asumir el poder el próximo 10 de diciembre no olvidaran: gran parte de esa diferencia que puesta en números parece apabullante se debe a ese fracaso de la organización social argentina al que hemos bautizado como conurbano. Un conglomerado de pobrezas y carencias donde se hacinan millones de argentinos a los que el estado sostiene en sus penurias y a su vez les cierra toda puerta hacia un futuro de dignidad.

Con diferencias de 30/40 puntos en algunos de esos conglomerados, a los que deben sumarse guarismos semejantes en las zonas endémicamente pobres del mapa nacional, en el NOE, se construyó un triunfo que tuvo la contracara en los grandes centros urbanos y en las zonas productivas del país.

En Córdoba (61%), Santa Fe (44%), Mendoza (50%), San Luis (45%) o en  grandes centros urbanos como La Plata (49%), Bahía Blanca (51%), Córdoba Capital (66%), CABA (52%), Mar del Plata (45%) el triunfo de Macri nos muestra la otra cara de un país dividido en dos. Pero Alberto sabe que si intenta gobernar sin esta parte del país no podrá evitar que esa inmensa caja de resonancia que hoy no lo votó comience a hacer sentir su enojo junto con las exigencias.

Mauricio Macri se quedó con el 40% de los votos emitidos, lo que lo coloca en una posición inmejorable para intentar consolidar un liderazgo que pocos vieron venir tras la derrota y que se ha convertido en un tema digno de ser analizado por politólogos y sociólogos. De hecho cuando LIBRE EXPRESIÓN sostuvo que en la derrota había surgido un líder (ver:Nacido en la derrota) no fueron pocos los dirigentes políticos locales que prefirieron la sonrisa y la crítica antes de ponerse a pensar en lo que estaba ocurriendo delante de sus narices. Grave error, a veces hay que saber leer más allá de nuestras voluntades o gustos.

Hay un nuevo escenario y parece tener una característica poco común: los actores que lo ocupan no tienen un libreto definido, deberán improvisar la trama y no saben cual será el final de la obra.

Menuda tarea…