Redacción – El conflicto en Educación -el área símbolo de la actual administración- y la recurrente pérdida de servicios por falta de pago, muestran el inicio de horas decisivas para el gobierno local.
El flamante e impuesto coordinador externo del gobierno de Carlos Arroyo rompió el silencio. Y como suele ocurrir ello no fue tan positivo como pudo llegar a imaginar el funcionario.
Sostuvo que su función era «parar un poco la pelota y ver hacia dónde se quería ir» poniendo de esa manera en evidencia la desorientación que durante más de cuatro meses reinó en torno a un intendente sin equipo, sin ideas y sin liderazgo.
Sin embargo, y para dejar en claro que está acá para sostener el gobierno de Macri y no el de Arroyo, el secretario de Desarrollo de Gestión y Tecnología Agustín Cinto fijó una posición de desentendimiento con respecto a la cuestión del tarifazo en materia de gas y luz que ha unido a todos los sectores de la ciudad en una gestión que encabeza el propio intendente. «En ese caso puntual, yo no participo en el tema. Puede ser canalizado por otro sector. En algunos pedidos puede ser que esté a cargo del diálogo por haber trabajado con ellos y conocerlos. Pero este no es el caso».
Muy raro; en un tema que protagoniza Arroyo su «coordinador» se declara prescindente.
Otra mala noticia que afronta por estas horas la administración es el contínuo corte de servicios por parte de los proveedores, hartos de promesas de pago que no se cumplen y de lamentaciones que a esta altura ya no sirven como argumento.
El fin del convenio existente con la Universidad de Mar del Plata para la formación académica de la Policía Local es uno de los que mayor impacto puede tener sobre la gestión actual. Educación y seguridad -dos caballitos de batalla durante la campaña- unidos en una misma palabra:crisis.
Voluntarista y romántico, como gusta aparecer, el jefe comunal salió a ofrecer los servicios gratuitos de docentes para cubrir una situación tan delicada. Sin embargo, y más allá de la improvisación de semejante propuesta, la idea no cayó nada bien en quienes como cualquier otro ciudadano pretenden que se les pague por su trabajo.
Pero que además comienzan una semana en la que está prevista una medida de fuerza por incumplimientos y destratos que reciben de parte de la Secretaria del área, lo que lo ha llevado a exigir su renuncia.
Alejandra Ayek, la dirigente gremial de la educación municipal, aclaró que los docentes “son profesionales que, como cualquier otro, merece una paga por su trabajo”.
«Estamos hablando de que no tenemos comunicación con la secretaria de Educación y que tenemos que recurrir a un paro para ver si el Municipio acerca respuestas a la situación de la Educación en Mar del Plata. Pero más allá de eso, yo creo que el ad honorem no corresponde porque los docentes somos profesionales que, como todo el resto, merece cobrar por lo que hace«.
¿De dónde salió entonces la idea del intendente?; ¿quién le dijo que ya era tiempo de anunciarlo?. A cada paso parece notarse la falta de buenos consejeros o al menos buenos moderadores a la impronta no siempre meditada del cuestionado «jefe». Y eso es muy peligroso.
De poco sirven las corridas del Secretario de Gobierno Alejandro Vicente tratando de explicar lo inexplicable, o las pomposas estrategias de Gustavo Blanco intentando coordinar el «otro» gobierno, el que no se entrega mansamente a las visiones tecnocráticas y aporteñadas d Cinto. «Muchas manos en un plato, hacen mucho garabato» solía decirse.
Comienza entonces una semana, otra más, en la que parece chocar la realidad de una ciudad en permanente conflicto con la épica imaginada en el despacho principal de la comuna.
Una ciudad partida al medio entre lo real y lo aparente; con dos gobiernos y ningún interlocutor que afronte los verdaderos problemas que la aquejan.
Más allá del voluntarismo.


