UNA DECISIÓN TAN DIFÍCIL COMO NECESARIA

El presidente debe resolver un endurecimiento de las condiciones de aislamiento y debe hacerlo en el peor momento de la realidad económica. Por qué la duda sería un error criminal.

Los números que todos los días conocemos acerca del contagio en la población Argentina son crecientes y son preocupantes.  Los que a su vez van apareciendo y tienen que ver con la capacidad instalada de camas de terapia intensiva, indican que no mucho más allá de mediados del mes próximo el país puede encontrarse en una situación de crisis difícil de manejar y que distan de la que por estas horas intentan hacernos ver como un fracaso del gobierno.

La verdad es que la evaluación que debemos hacer como ciudadanos de lo que está ocurriendo nos exige esforzarnos para que no esté signada por prejuicios ideológicos o posiciones de amistad o enemistad frente a las autoridades. Cuando uno observa lo que ocurre en el resto del mundo, y aún en la región en países como Chile o Brasil, se da cuenta que Argentina viene ganando la lucha contra este virus que ha flagelado al mundo en los últimos meses, y es necesario ahora un último esfuerzo para lograr nuevamente que se aplane la curva de contagios y podamos mantener una relación lógica, y además posible, entre los enfermos que ingresan al sistema y la capacidad que tiene el mismo de dar respuestas.

Por eso sería importante que el presidente de la república, y también el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el gobernador de la provincia Axel Kicillof no se dejarán presionar por los que ayer pedían una apertura del aislamiento obligatorio y hoy comienzan a criticar porque se va a dar un cierre que es imprescindible para que esta situación preocupante pueda ser controlada.

Es verdad que hay una situación económica gravísima que afecta a todos los argentinos; pero también lo es que los países centrales que han elegido otras estrategias y hoy cuentan sus muertos por cientos de miles tienen el mismo problema económico que tiene la Argentina. Y si su futuro aparece más despejado es tan solo porque antes de la crisis sanitaria venían mejor acomodados que nosotros; algo para lo que no se necesitaba demasiado.

Si usted me dijese que  aquellos países donde las muertes son una constante alarmante tienen sus economías pletóricas de beneficios y sin inconvenientes, estaríamos frente a una decisión moral de difícil pronóstico pero que podría poner en un platillo de la balanza los cadáveres y en el otro el bienestar económico.  Pero ocurre que quienes han seguido estrategias diferentes tienen tantas dificultades económicas como las nuestras y muchísimo más muertos que la Argentina.

Ojalá al presidente no le tiemble la mano al momento de insistir con esta estrategia que seguramente nos llevará a aplanar nuevamente la curva de contagios. Es una carrera contra el tiempo y ahora los argentinos tenemos que entender que cualquier sacrificio en materia económica no tiene comparación con las lágrimas que nos costaría como sociedad y como individuos imitar los procesos en otros lugares donde la economía está tan destruida como aquí y la muerte esta reinando.

Salvemos todas las vidas que sea posible. Lo demás…vendrá por añadidura…