Una historia que muestra la misera de los jefes policiales y funcionarios

Un caso que involucra a un efectivo policial herido en acto de servicio y que debe juntar cartones para sobrevivir a la indiferencia de sus jefes y autoridades. Vergonzoso.

El Subteniente Edgardo Luberto, con 27 años de servicio en la repartición, iba a un llamado de apoyo cuando el móvil policial que lo trasladaba volcó  debido a desperfectos mecánicos

Transcurría el 2 de junio del año 2012 cuando a a las 01:40 de la mañana la vida cambió para este hombre que prestaba servicio en la comisaría sexta. Aún hoy lucha para que aquel accidente sea considerado lo que claramente fue: un acto de servicio.

Mientras tanto el servidor público atraviesa por un estado económico y de salud desesperante.

Tiene casi un 40 por ciento de discapacidad psíquica y un 7 por ciento por física, lo que le obliga a caminar con la ayuda de un bastón para mantener la estabilidad.

La ART que le fue asignada no reconoce su incapacidad física a pesar de que tuvo que ser operado de sus dos rodillas y padece tres hernias de disco producto del impacto de aquella noche fatal.

11088400_976676785677327_4916715206895033194_nA pesar de que el médico particular certificó un 75% de afectación y que el propio facultativo de la policía dictaminó que por las secuelas que le quedaron debe acogerse inmediatamente al retiro, Luberto sigue esperando que se resuelva su situación mientras debe ganarse la vida trabajando de cartonero junto a su mujer y sus hijos  para construir un ingreso que les permita subsistir (foto principal de la nota).

Un ejemplo más de como se denigra al ser humano que existe detrás del funcionario y de la burocracia.

Su mujer, sus compañeros de trabajo, sus amigos han recurrido a todos los medios posibles para lograr una solución digna para la situación de un funcionario de foja de servicios impecable.

Todo ha sido inútil; ni las autoridades policiales ni los funcionarios –siempre tan dispuestos para autoalabarse y contar historia de éxitos disparatados- han tenido un minuto de tiempo para atender una cuestión que excede por mucho lo simplemente reglamentario.

Porque detrás del policía gravemente herido en cumplimiento de su deber hay un hombre cuya dignidad y derechos han sido avasallados por la indiferencia criminal de quienes conducen la institución a la que dedicó tres décadas de su vida.

Y eso en una sociedad civilizada es inaceptable.