UNA JUGADA RIESGOSA

El posible abandono del Grupo de Lima anunciado desde las cercanías de Alberto Fernández puede suponer para el país un serio retroceso en materia de política exterior.

Alberto Fernández anunció que de llegar a la Casa Rosada su idea sería abandonar el Grupo Lima. la organización multilateral creada en 2017 para hacer un seguimiento de la crisis en Venezuela e intentar la búsqueda de una salida pacífica a la complicada situación por la que atraviesa ese país. Brasil, la Argentina y Colombia acompañados por El Salvador, Guatemala, Paraguay y Perú, han tenido una posición crítica frente al gobierno de Nicolás Maduro al que no han dudado en calificar como una dictadura, al tiempo que reconocieron al gobierno de Juan Guaidó como el único legítimo en la conducción de la República Bolivariana.

Tal posición se ha convertido en una de las principales fortalezas nacionales no solo al momento de pretender un liderazgo regional sino en el intento de la administración Macri, y que deberá ser continuado sin dudas por un eventual gobierno del Frente de Todos, por conseguir el aval imprescindible de la administración Trump para encarar con el FMI la ardua renegociación de los vencimientos de la deuda contraída con ese organismo que operan en 2020. Habrá que elegir entonces entre el principismo y la necesidad, en un escenario en el que la crispación política regional deja escaso margen para los grises.

En las últimas horas  y por pedido de Jair Bolsonaro y Mauricio Macri, el Grupo de Lima volvió a tomar el centro de la escena a raíz de los graves sucesos por los que atraviesa Ecuador, denunciando la injerencia del régimen venezolano en los desórdenes callejeros y acompañando las sospechas acerca de una intervención en la crisis del ex presidente Rafael Correa. Tal posición ha sido acompañada con firmeza por los EEUU y sus principales socios de la Unión Europea, otro de los objetivos estratégicos de nuestro país seriamente interesado en la concreción del acuerdo entre esta última y el MERCOSUR.

Teniendo en cuenta que dicho acuerdo ya ha sido puesto en duda por Fernández y que el abandono del Grupo de Lima parece estar entre sus prioridades, estaríamos frente a un cambio copernicano en la política exterior argentina que supondría nuevas alianzas y distintos equilibrios. Una vez más, como ocurriese sin solución de continuidad durante toda la etapa democrática, se pondría en evidencia la carencia de una diplomacia sin destino y sin el necesario criterio de una política de estado.

Para un centenar de naciones, entre las que se cuentan la totalidad de los países industrializados, el eje Caracas-Moscú-La Habana es una evidencia imposible de soslayar. Tal vez por eso en las últimas horas han aparecido voces dentro de la alianza que podría gobernar la Argentina a partir del 10 de diciembre que han tratado de morigerar los dichos del candidato a presidente y enviar señales hacia esos poderes centrales en el sentido de que las cosas no estarían por ahora decididas en el sentido anunciado por Fernández. Sergio Massa, en su reciente visita a los EEUU, es un ejemplo de esta posible revisión, aunque la propia Cristina Kirchner parece haber endurecido un tanto su mirada acerca de lo que ocurre en la nación caribeña.

Habrá que tener entonces mucha prudencia, analizar cada paso a la luz de la realidad y abandonar ideologismos que por plausibles no deben olvidar la realidad de un país que necesita imperiosamente de financiamiento, inversiones y confiabilidad.

Lo que ni significa limitar el derecho de un eventual gobierno peronista a sostener sus ideas en materia de política exterior sino apelar a la inteligencia de quienes deban tomar las decisiones para valorar los tiempos, las consecuencias y los compromisos internacionales.

Al menos para que alguna vez haga carne aquello de «la única verdad es la realidad».