Una marplatense apasionada por volar que viaja por el mundo como paracaidista

La fascinante experiencia de Laura Ferrero, una profe de educación física que hace siete años recorre el mundo persiguiendo su pasión: saltar al vacío a 200 km/h en caída libre.

En diálogo con Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo de Radio Brisas, la experimentada instructora afirmó que su casa está en su mochila y que cuando le preguntan donde vive responde “vivo en el aire”. Es paracaidista hace 27 años pero durante 15 no lo hizo por tratarse de un deporte caro.

Un día un amigo le propuso hacer un curso de instructor ya que él podría darle trabajo en España. En un principio le pareció casi imposible por el alto costo económico y por ser mujer ya que parecía ser un deporte de hombres en su mayoría. De todas formas hizo en Rosario el curso de una semana, lo aprobó y en 2014 fue a Valencia a trabajar por primera vez de esta profesión.

Me cambió la vida. Trabajaba dos veces por semana y ganaba más que trabajando acá 7 horas por día”, remarcó. Luego de tres meses debió volver a Mar del Plata por cuestiones de visa y trabajó como profesora de educación física. “Amo ser profe. Me gusta mucho dar clases. La pasé muy bien pero dejaba el alma en bicicleta, lloviendo, no lloviendo, ganando dos mangos. Me encantaba pero vivía al día. Realmente era trabajo para pagar el alquiler, la comida, y se me terminó. El tener un relajo económico te abre un montón de puertas en otro sentido”, opinó.

Fue en ese momento de la vida cuando el amigo que le había brindado trabajo en Valencia falleció por un accidente y pensó que, luego de abrirle la puerta a este mundo, no podía fallarle y debía hacerlo por él. Empezó entonces a buscar páginas de paracaidismo de todo el mundo por internet. El objetivo era un destino que tuviera calor y playa, y fue allí cuando le llegó una propuesta de trabajo en Brasil en 2015, a donde viajó por tierra en su Ford Ka hasta Foz de Iguazú.

Cuando volvió a Mar del Plata empezó a buscar de nuevo lugares donde conseguir trabajo hasta que se fue a México y luego a Barcelona donde tuvo que casarse con su mejor amigo, ciudadano español, para poder quedarse por tiempo indeterminado. Cuando empezó el invierno volvió a México.

Se dio cuenta de que iba a poder ser parte de la dinámica de viajar por el mundo la primera vez que se fue a Brasil al darse cuenta que no extrañaba tanto a sus amigos porque siempre estuvieron en contacto con ella y que sus padres estaban felices. Además no debía preocuparse por el dinero y tenía el apoyo y el incentivo de la gente que la rodeaba, más todavía hoy en día con las redes sociales y las videollamadas.

Cuando terminó de trabajar en México volvió a Mar del Plata y siguió buscando opciones hasta encontrar una posibilidad de trabajar en Laiwe, un pequeño pueblo de China con todo pago, un sueldo fijo y por tres meses. Allí la gente se conocía entre sí y la miraban como a una extraña. “No la pasé bien. Me costó mucho todo. No tienen inodoro, tienen letrina. No tienen colchón. La comida. El olor. La cultura. No hay un abrazo, una demostración de afecto”, recordó.

En el intermedio se contactó con Filipinas porque le pareció un lindo lugar para vivir. Cuando el jefe la recibió con un abrazo pensó que nada podría salir mal por lo que vivió allí durante dos años. “Viven con nada. Aprendés a vivir con nada. Hay ciertas cosas que no necesitamos y las consumimos porque las venden”, reconoció.

En julio del año pasado, contexto de pandemia, su jefe decidió volver a Estados Unidos, su país nativo, y se dio cuenta que estaba demasiado sola. Volvió a España donde vivían dos de sus amigos hasta que en septiembre consiguió trabajo en Alemania, donde la temporada es de abril a noviembre por el calor.

 

Luego de dos años de no venir a Argentina, actualmente está en Mar del Plata con el objetivo de visitar a los padres. En CABA vio “todo mas destruido, distinto, con negocios cerrados, poca gente. Fue un contraste muy grande moverse de un país a otro con economías diferentes”, afirmó. Sin embargo cuando llegó a Mar del Plata se sintió “en casa”.

Lo que mas le gusta de la profesión de instructora de paracaidismo es la primera vez de cada persona y el abrazo que recibe cuando tocan tierra y le agradecen. Su idea es en abril poder volver a trabajar a Alemania aunque por ahora disfruta de la ciudad natal por lo que dejó de lado las expectativas y trata de vivir a pleno cada segundo.

A modo de reflexión y mientras trabaja como instructora en Paracaidismo Mar del Plata en Miramar, aseguró que si no se hubiese arriesgado a irse a España a probar suerte como paracaidista no hubiera evolucionado de la manera en la que evolucionó, que hoy en día no sería la misma persona que es, que no se le hubiese abierto la cabeza de la manera en que lo hizo y que la situación económica sería diferente. “Seguramente me hubiese gustado mi vida fuera de esto pero me gusta tanto que no quiero ni pensarlo”, expresó.

Escuchá la nota con Laura Ferrero en el programa «Un Lugar en el Mundo» de Radio Brisas en este link