UTHGRA: pasada la elección es la hora de encarar problemas

Por Adrián FreijoPablo Santín supo encarar la campaña, hacer alianzas y levantarse con el triunfo en gastronómicos. Ahora llega el tiempo de cumplir las promesas.

 

Para muchos fue sorprendente. «Es imposible que un oficialismo pierda la conducción de un sindicato» decían; «cuando se maneja la junta electoral, el padrón y la organización del comicio se hace muy difícil apartar a una conducción» afirmaban.

Para los que llevamos años observando este tipo de contiendas electorales ambas afirmaciones, a la luz de los hechos, no parecen muy lejanas a la realidad. Y eso mismo habla de la cristalinidad del proceso encarado por la UTHGRA local en el que Pablo Santín, hasta no hace mucho parte del oficialismo al que ahora logró derrotar, se hizo con la Secretaría General de una de las organizaciones más poderosas de Mar del Plata.

El sindicato que nuclea a los gastronómicos ha tenido un crecimiento exponencial durante la larga gestión de Mercedes Morro al frente del mismo. Desde la sede gremial, la escuela de formación profesional, el camping para los afiliados, los hoteles Sasso y Presidente Perón o el lujoso balneario en Punta Mogotes, a lo que hay que sumarle los servicios de salud, turismo y asistencia que pudieron ser disfrutados en todos estos años, la UTHGRA emergió como una asociación modelo que a su vez fue creciendo en complejidad y necesidades.

La larga pandemia -a la que debe sumarse el deterioro de todo el arco laboral en los últimos años de la vida institucional del país- puso toda la estructura en crisis y, como pasa en otras organizaciones del mismo tipo, obligó a la dirigencia a realizar verdaderos equilibrios para rescatar el principal valor en juego: la continuidad de los puestos de trabajo.

Y como le ocurrió al gobierno nacional, al provincial y a los propios partidos políticos, las dificultados fueron un motor que impulsó el crecimiento de opciones opositoras que siempre -como una ley constante en todas las actividades humanas- cuentan con la ventaja de poder manejarse en el terreno de lo ideal, trabajar sobre el temor y las expectativas de los afiliados y señalar a las conducciones como incapaces de resolver problemas que en realidad surgen al amparo de la crisis general y no de los aciertos o errores individuales.

Aunque ambos, oficialistas u opositores, deberán reflexionar acerca del bajo nivel de participación de los afiliados, que apenas rozó el 15% del padrón, lo que habla de un descreimiento general que abarca a esta y a toda la clase dirigente argentina. La gente no cree que quienes ofrecen soluciones estén realmente en condiciones de aportarlas.

Santín se movió intensamente, buscó neutralizar cualquier estrategia de un oficialismo al que bien conocía por haber sido parte de él durante mucho tiempo y tejió alianzas con otras fuerzas sindicales -por dentro y por fuera de los gastronómicos- que seguramente irán ahora por sus dividendos y lo obligarán a mostrar su verdadero pulso de líder para evitar dos cuestiones que hoy se ciernen sobre su creciente figura como dos riesgos reales y presentes: no dejar que el gremio quede preso de influencias externas y cumplir con promesas de campaña que parecen difíciles de afrontar con la crisis general como telón de fondo y la aparición en el horizonte de otras etapa de la pandemia que se llevó puestos a sus antecesores.

Pasadas algunas horas de la importante elección algunas cosas aparecen en superficie. El exagerado festejo de Facundo Moyano, que corrió a hacerse «dueño» del triunfo de la Lista Verde, se une a algunas expresiones oportunistas de sectores políticos que en los últimos tiempos han aparecido con actitudes de verdaderos caranchos políticos y el conocimiento de apoyos económicos vinculados a la salvaje interna que en la propia casa se desató entre el histórico líder Luis Barrionuevo y su ex esposa Graciela Camaño convertida en aliada desembozada de su hermano Dante en la búsqueda de hacerse con la conducción de la UTHGRA nacional.

Demasiadas manos en un plato que, al menos por ahora, no parece alcanzar para saciar el hambre de todos.

Ningún dirigente debió hacerse cargo de un gremio en condiciones tan dramáticas como las que debe encarar a partir de ahora Pablo Santín. Terminada la campaña llegará el tiempo de las concreciones y son miles los afiliados que estarán esperando para resolver si el compromiso por terminar con la precariedad laboral y enfrentar a los empresarios para extraer más ventajas que considera impostergables para los trabajadores fueron sustentadas en una estrategia posible o solo promesas de ocasión para hacerse con el poder.

Un día Carlos Menem, ya ungido presidente, se atrevió a reconocer públicamente que «si en campaña le decíamos a la gente lo que íbamos a hacer no nos votaba nadie». La entelequia le funcionó un tiempo -y a un costo muy alto para el país- pero cuando la realidad dejó en evidencia que aquella «revolución productiva» era tan solo una ficción comenzó a comprender que la cosa iba por aquello que siempre sostenía Perón, «mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar».

Santín está donde quería estar; ahora deberá demostrar que tenía en claro para que.

Habrá que darle tiempo…