Vacuna rusa: cuando la improvisación se vuelve criminal

Por Adrián FreijoTenemos la sensación de estar gobernados por un grupo improvisado que desde el inicio de la pandemia mostró su alarmante impericia. Pero no creíamos que, además, fuese criminal.

El presidente ruso, Vladimir Putin, desató hoy la polémica al asegurar que la vacuna rusa Sputnik V, que en las próximas horas llegaría a la Argentina, “aún no está recomendada para mayores de 60 años y menores de 18”.

La secretaría de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, afirmó desde Rusia que se «están terminando los últimos pasos para poder aprobar el uso» de la vacuna Sputnik V «en los mayores de 60 años”.

«Hasta ahora los datos analizados y la recomendación de utilización es hasta los 60 años. Nos informaron que ya evaluaron en el comité independiente a los mayores de 60. Lo han elevado al Ministerio de Salud, a la entidad regulatoria junto con Gamaleya y están terminando los últimos pasos para poder también aprobar el uso de esta vacuna en los mayores de 60 años», explicó Vizzotti.

Es decir que Vizzotti tiene más información de lo que pasa en Rusia que el propio Putin. Poco creíble…

Mientras tanto fuentes del Minisiterio de Salud de la nación afirmaron hace pocas horas que «el cronograma de vacunación sigue como estaba programado y se aplicará también a los mayores de 60 años».

Tal afirmación equivale a decir que nuestras autoridades sanitarias están un paso adelante de los científicos rusos que aún no la aprueban para esa franja etárea.  Menos creíble aún…

En resumen: lo que hasta ahora parecía el reino de la improvisación comienza a parecerse demasiado a una gran maniobra criminal a través de la cual se piensa vacunar a cientos de miles de adultos mayores sin que exista seguridad alguna acerca de las consecuencias que ello podría tener para su salud y su vida.

Mientras crecen imparables las versiones de un millonario negociado que involucra a Ginés González García y que sería el responsable de que la única vacuna hoy aprobada para su inmediata aplicación, la de Laboratorios Pfizer, no llegue a la Argentina y que esa firma exija que el ministro se aparte hasta de la firma de un eventual contrato para seguir adelante con las negociaciones.

Demasiado grave todo…demasiado oscuro.

Tanto como para ocultar tras una densa bruma el genocidio que el gobierno de Alberto Fernández puede disparar si insiste en aplicar una vacuna en la que no creen ni sus propios productores.

Esto es lo que vale la vida en nuestro país.