Vicentín, Cristina, Nidera y un cuento chino

Por Adrián Freijo«Soberanía alimentaria» fue el pretexto utilizado por el gobierno para querer apropiarse de Vicentín. Sin embargo hizo falta poco para descubrir la falsedad del argumento.

El intento de apropiarse de la santafesina Vicentín por parte del gobierno argentino lleva las huellas digitales de Cristina Kirchner en cada uno de sus capítulos. No solamente fue la senadora Anabel Fernández Sagasti, mano derecha de la ex presidente y su habitual voz en los pasillos del poder cuando de apretar clavijas o realizar patrullaje ideológico se trata, la que llevó el proyecto a Alberto Fernández sino que, ante la medida del juez Fabián SIlvano Lorenzini poniendo freno a la asunción de los interventores designados, presentó el proyecto de una comisión del cuerpo que en forma indirecta podría hacerse de toda la documentación que ya no dispondrán ni Gabriel Delgado ni sus colaboradores.

Demasiado para no sospechar algún interés, político o económico, detrás del esfuerzo…

La supuesta defensa de la soberanía alimentaria fue el argumento esgrimido para avanzar en este nuevo relato, tan común a la épica kirchnerista que sirvió antaño para esconder negocios inconfesables.

Pero ocurre que semejante preocupación -que no se entiende en un país que produce alimentos para 400 millones de personas y solo debe alimentar al 10%- fue arrasada por una realidad que en las cercanías del poder no pueden siquiera tratar de explicar: durante la presidencia de Cristina la empresa NIDERA, otro de los gigantes de la industria agroalimentaria, fue vendida a capitales chinos con la autorización del Poder Ejecutivo y a pesar de mantener fuertes deudas con la AFIP y estar bajo denuncia de generar trabajo esclavo en varios de sus establecimientos, entre ellos el situado en la localidad de Lobería y con ramificaciones en Mar del Plata.

A finales de 2010 un allanamiento del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires llevada a cabo en San Pedro, Provincia de Buenos Aires (Argentina), reveló que 130 personas trabajaban en condiciones de esclavitud, 30 de ellos eran menores de edad que no sabían donde se encontraban. Y entre el 22 y el 23 de enero de 2011 realizó nuevos allanamientos en Mar del Plata, Miramar y Lobería. Fuentes oficiales indicaron que los campos pertenecen a Nidera.

Ese mismo año la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) de Argentina intimó en 2010 a la compañía por una evasión fiscal de $260 millones de pesos. La empresa judicializó el tema y al momento de su venta a capitales chinos la cuestión seguía sin resolverse; motivo más que suficiente para que el estado no aprobase la operación, cosa que obviamente no ocurrió.

Fue entonces que en 2014 la empresa estatal china Cofco compró el 51% de Nidera,  hasta que dos años después, en agosto de 2016 y ya bajo la presidencia de Mauricio Macri,  se quedó con el 100% de esa compañía fundada originalmente por capitales argentinos y holandeses.

«Esta adquisición representa un logro importante para Cofco Internacional en tanto que realizamos nuestra visión de construir un negocio agrícola de primera categoría mundial. Estamos muy entusiasmados por las fortalezas que tiene Nidera y sus posibilidades a futuro», dijo Patrick Yu,  chairman de Cofco Internacional.

Sin embargo dos años después, en 2018, el grupo agrícola Syngenta, de origen suizo,  completó adquisición de Nidera Semillas, que pertenecía a Cofco International, por una cifra cercana a los u$s3.000 millones.

¿Se retiraron los orientales del negocio y este volvió a una compañía de capitales europeos como eran los de los fundadores?. Nada que ver…

La compañía ChemChina acababa de adquirir Syngenta y, pese a ser también parte del holding estatal chino, asumió la titularidad de las acciones de Nidera, ya convertida en un jugador importante en el mercado de semillas de Sudamérica, diversificada a través de los cultivos, con un pool de germoplasma propio y una presencia relevante en países clave de América del Sur como Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Aquella primera compra autorizada bajo la administración cristinista se perfeccionaba, cambiaba de jugador y dejaba tras de sí los múltiples conflictos pendientes que complicaban la continuidad de Cofco como cara del negocio. Conflictos que tampoco fueron resueltos durante la gestión macrista y que se estiran hasta la actualidad.

Las relaciones de Cristina Fernández con el gobierno chino son bien conocidas. El ruidoso caso de la base militar de ese país ubicada en la Patagonia argentina se tal vez el más emblemático. Pero ello no es el motivo de este artículo y sobre el tema ya hemos escrito en LIBRE EXPRESION(Ver:¿La base china en la Patagonia está pensada como lugar de espionaje?).

Pero lo que no resiste análisis alguno es el argumento de la soberanía alimentaria: ¿la pone en riesgo Vicentín y no lo hacía NIDERA, con mayor participación en el mercado a partir de su alianza estratégica con NOBLE?. 

Baste como la más clara explicación el ránking de participación en el negocio de granos de las compañías radicadas en el país. La empresa china concentró el 15% de las ventas totales seguida por la estadounidense Cargill con un 12% del volumen total.

El tercer puesto lo ocupó la también estadounidense Archer Daniels Midland (ADM) con el 11% del total mientras que el cuarto lugar en la lista fue para Bunge, con el 9% del volumen total.

Recién en el quinto puesto del ranking se ubicó la primera compañía exportadora de capitales nacionales, la Aceitera General Deheza (AGD), con una participación del 8,9% y en el sexto puesto Vicentin, con un 8,6% del mercado.

¿Estatizando este último porcentaje se pretende garantizar la soberanía alimentaria argentina?…un verdadero disparate que no resiste ningún análisis serio.

Quizás alguna vez conozcamos la verdadera motivación del intento apropiador que ha generado un serio daño a la  seguridad jurídica argentina -si es que algo quedaba de ella- pero lo cierto es que Alberto, conminado a cumplir una orden de su superioridad, deberá buscar un argumento de mayor solidez para avanzar en la cuestión.

Por ahora, tan solo un cuento chino que pasa a engrosar la ajada historia del relato sin fin…