Ayer resaltábamos que mientras sus correligionarios debatían la nada misma ella estaba en su puesto de trabajo atendiendo la emergencia. De golpe, en medio del caos…¿vacaciones?. Absurdo.
Este domingo, en las redes sociales, se consignó que Vilma Baragiola habría viajado a Brasil junto a su familia, aunque oficialmente nada se informó sobre el motivo de su pedido de licencia en la Municipalidad. Pese a ello el Secretario de Gobierno Alejandro Vicente confirmó que se trataba de una licencia «programada hace más de un mes».
¿Era imprescindible hacerla efectiva en medio de un temporal como hace muchos años no conoce la ciudad?. ¿Vacaciones con evacuados, clases suspendidas, calles anegadas y un pronóstico meteorológico más que preocupante?.
Vilma aparece hoy como la figura más expectante del oficialismo gobernante en la ciudad, tras «remar» una situación confusa que a poco estuvo de llevarse puesta su ascendente carrera política. ¿Es que nadie le avisó que desaparecer en medio de esta crisis climática era darle a sus adversarios el pasto necesario para seguir alimentando la fiera del desgaste?.
Hay muchos motivos por los cuales un ciudadano puede decidir que alguien no está capacitado para hacerse cargo de administrar los destinos comunes. La torpeza, aunque muchas veces no se tenga en cuenta, es también uno de ellos.
Lo ocurrido en la sede de Camioneros más que un acto de corrupción fue una grave torpeza; lo que la involucra por estas horas es otra, tanto o más grave que aquella.
Vilma debe aprender que si ella no se cuida, nadie lo hará en su lugar. Y que la suma de torpezas, cuando involucran obligaciones funcionales, se prestan para dar sostén a los mal pensados.
Que no haya «tercera»…porque será la vencida.


