Escribe Mariana Isa (*) – El XXX Encuentro Nacional de Mujeres fue un acontecimiento que va mucho más allá de los incidentes que todos repudiamos. Evitar las divisiones.
Siempre que se organizan eventos de gran importancia y con numerosa convocatoria, se suceden hechos desagradables y repudiables, que nublan e intentan esconder el verdadero sentido de ese acto. Ya es un clásico en nuestro país.
Volvió a pasar. Esta vez, cumpliendo plenamente el objetivo, porque los disturbios derrumbaron por completo la lucha de más de 65 mil personas. E hicieron a un lado el verdadero foco, desviando la realidad y poniendo en el centro algo bastante más superficial.
El XXX Encuentro de Mujeres no es un hecho aislado ni nuevo. Surgió hace muchos años como una necesidad de unidad y debate ante una problemática que parece no terminar más. Participaron alrededor de 65 mil personas, hombres y mujeres, marplatenses y de varios rincones del país. Trabajaron durante tres días en talleres y actividades en escuelas y espacios públicos y plantearon, debatieron, y compartieron experiencias en temas como Femicidios, Trata de personas, Violencia de género y Abuso Sexual, Violaciones. Familiares de víctimas y sobrevivientes compartieron sus historias y se unieron en un pedido: Emergencia Nacional.
El verdadero objetivo de este Encuentro es alzar las voces sobre estos problemas que son aberrantemente cotidianos y se llevan la vida de muchas mujeres y niños. Pero lograron taparnos los ojos, y distraernos. Porque nos dejamos indignar con acciones aisladas y no tomamos conciencia sobre lo que nos está pasando realmente.
Porque mientras se llevaba a cabo este encuentro, dos nuevas mujeres murieron de manera violenta y sangrienta, incluso una frente a sus propios hijos. Pero claro, la atención quedó dirigida a un solo lado. La mugre, las pintadas y los disturbios en la Catedral. Lograron el objetivo.
El fin de lo que escribo no es justificar el accionar de un grupo minoritario, sino defender el verdaderos sentir de la marcha y de las mujeres que participaron. Marcha que fue el cierre de varios días de reuniones de las que nadie habla. Cierre que finalmente fue triste porque se vio manchada, como siempre, por grupos que aprovechan las manifestaciones.
No fueron los 65 mil los que pintaros, no fueron los 65 mil los que rompieron. Respetemos el sentido del Encuentro, respetemos la sangre que ya fue derramada y pidamos justicia.
Luchemos por una igualdad real y una sociedad más digna, donde el repudio por una muerte sea mayor que el de una pared pintada. No nos dejemos vendar más los ojos, salgamos a la calle y veamos nosotros mismos lo que sucede a diario. No esperemos a ser nosotros mismos las víctimas de todo esto para lamentarnos. El momento de hacer algo es ahora.
No nos ataquemos entre nosotros, porque nos dividimos y nos hacemos más vulnerables todavía. NI UNA MENOS DE VERDAD.
(*) Periodista marplatense



