Y un día Arroyo decidió comenzar a hacer política en serio

Por Adrián Freijo Fueron años de equivocaciones, de palabras desafortunadas y de escuchar solo a quienes quería y cuando le decían lo que él quería. Pero un día…dijo basta y miró el manual.

El ninguneo, el constante correrlo para que no salga en la foto, los funcionarios puestos por la fuerza desde La Plata, las fotos sonrientes de la gobernadora con su principal enemigo, la puesta en escena cada vez que la provincia debía asistir a su administración, esforzándose por hacerlo quedar como un mal administrador.

Desde los poderes centrales no ahorraron esfuerzos para demostrar el desprecio -y convertirlo en destrato- por un jefe comunal que no se alineaba y que además daba la ventaja de abrir cada día un nuevo flanco de conflicto. Y esa intención despreciativa llegó a su punto culminante cuando, muy orondo, Guillermo Montenegro desembarcó en estas playas con un mensaje tan claro como torpe y fuera de contexto: “hola, yo nací acá; y aunque me fui hace muchos años y ni me acordé de ustedes, ahora vuelvo para hacerles el honor de ser su futuro intendente”.

Y además, en la cercanía de su propio espacio local todos lo daban por muerto, se postulaban y ya hablaban de la herencia. Demasiado…

Y como el Cid Campeador, Carlos Fernando Arroyo recordó que ninguna batalla está perdida si no se da; aunque todos sepan que se trata de un cadáver (político). Y montó su propio caballo para salir a dar la batalla cuando menos lo esperaban y cuando las versiones acerca de su fortaleza personal arreciaba salió en un duro contragolpe, desafiante y mostrando una fortaleza que deberá hacer pensar a sus adversarios.

Como lo indican los manuales elementales de la acción política…

En apenas 24 hs. bramó que no va a aceptar un virrey (en alusión a Montenegro) y culpó a la provincia de los males que surgen a diario en torno al predio de disposición final de residuos. Dos golpes con intención de k.o. Y a la pasada, para no dejar a nadie afuera, aprovechó la presentación de la aplicación “Cuándo llega” para recordar que “la CABA no la tiene”, como recordando la grosería de Rodriguez Larreta al recibirlo en una pizzería.

Sabe que María Eugenia Vidal no tiene margen para “castigar” a Mar del Plata. Que esta ciudad es por el momento el único bastión que le asegura neutralizar a un conurbano que, aún creciendo, le sigue siendo esquivo a la hora de votar. Y que ningún encono con el intendente va a empujarla a una venganza que lesiones sus posibilidades electorales.

Y en ello reside su ¿única? fortaleza y que desaparecido el fantasma de su desplazamiento para buscar una votación anticipada -lo que en su momento se evaluó seriamente tanto en La Plata como en Balcarce 50– ahora deberán asegurarle lo necesario para llegar flotando al puerto del 2019.

Seguramente todos tomaron nota; podrán dejarlo de lado al momento de elegir el candidato, pero no llevarlo por delante y convertirlo en un simple mascarón de proa.

Para colmo de males (ajenos) el peronismo lugareño comienza a entender que tal vez su mejor negocio sea acercarlo y no empujarlo. Saben que sosteniéndolo le generan un problema no menor a Cambiemos y a sus figuras de mayor expectativa.

De repente, cuando nadie lo pensaba, el hombre movió el tablero -todavía no lo pateó- y ya las piezas no ocupan los mismos lugares que hace pocas horas. Comienza otra historia…y va a dar mucho que hablar.

Como si Normandía tuviese ahora sus playas cubiertas de banderas amarillas…