Por José Luis Ponsico (*) – Wálter Della Torre fallecido hace tres días a los 86 años y ahora se conoció el deceso del periodista Raúl Ramírez que había pasado los 90 años de edad.

José Luis Ponsico
Los dos honraron el deporte marplatense. Wálter Della Torre fallecido hace tres días a los 86 años y hace unas horas se conoció el deceso del periodista Raúl Ramírez que orgullosamente había pasado los 90 años de edad.
Ambos estaban con la salud quebrantada. Della Torre desde hace un año y medio recluído en un establecimiento para la tercera edad, ayudado por sus amigos de siempre: los Giovanoni y el «Pato» (Carlos) Posada, artífces de la Peña del Atlético.

Walter Della Torre
Raúl en cambio con el apoyo de su esposa e hijos. Siempre «en Florisbelo Acosta, frente a la canchita de los bomberos» avisaba el eterno jefe de Deportes del diario «La Capital», virtual formador de tres generaciones de cronistas deportivos
Uno de ellos, autor de éstas líneas. Llegado a Raúl por recomendación del colega Raúl Rabín especializado en básquetbol, invierno del 66. Pudo ser agosto. Ramírez con su estilo docente al toque: «Bueno, le daremos un partido», dijo.
La prueba, al cabo, unas 25 líneas de un partido de Primera B. De pronto en cancha de Once Unidos, poca gente. Deportivo Norte y San Isidro. El impacto del Mundial de Inglaterra dejaba al fútbol del Interior, el llamado «chacarero» sin demasiado interés

Raúl Ramírez
A la semana siguiente el «debutante» lo iba a ver. «Escribe bien. Le daremos otro partido. El que sigue de Primera división», añadió. La jerarquía la compartía con otro periodista inolvidable, el insigne Helmer Uranga. Apodado «Negro» Menos para nosotros
Un mes después: «Mire Raúl, tengo un compañero de estudios. Hicimos el colegio secundario juntos. Es muy bueno no solamente como persona. A la hora de analizar el fútbol. Se llama Armando Fuselli. Integró una Tercera buena en Peñarol», mandé
«Si escribe como usted -el dicente apenas 20 años- traigalo. Uranga sigue a los que quieren aprender», sostuvo Ramírez. Así, nacieron «dos cronistas deportivos». Hoy, la enseñanza en institutos privados lleva tres años y la cuota supera los 10 mil pesos

Della Torre (4to. desde la izq) en «su» River de Mar del Plata
Demás está decir que ni Ramírez ni Uranga erraron demasiado. Los citados ejercen el periodismo desde hace medio siglo. Fuselli ahora por tercera vez ocupa un lugar destacado en el Círculo de Periodista Deportivos. Hace poco, presidente de nuevo.
Otros casos conocidos, quizá el discípulo que alcanzó mayor fama, Juan Carlos Morales. A los 20 años un relator que llegaría como periodista al fútbol grande. Menos fama, pero mucha sabiduría «de niño» Julio Héctor Macías.
Todo el «semillero» de Ramírez y Uranga. Que en los 50 parecía marca registrada, Decir Ramírez y Uranga, era decir Labruna y Loustau, Simes y Sued, Campana y Busico. Coppa y Chego, la ropa del trabajo. O Thompson y Williams, la multinacional.

Raúl Ramírez en su lugar en el mundo: el borde del ring
Curiosamente, Della Torre, amistad probada, con los dos jefes reconocidos en el periodismo marplatense los 50 y 80, no estuvo lejos. Formado en River marplatense, nacido en barriada cercana a la Estación Vieja, enseguida destacó por sus virtudes.
Wálter atlético, rápido, defensor con clase, lateral izquierdo de un equipo inolvidable. Tres veces campeón, donde el recuerdo remite a Edmon Elías en el arco, Horacio Pirosanto compañero inseparable de Della Torre. Juntos ganaron los títulos 1953, 54, 55
Sin olvidar a Eugenio Sulpizio, popular «Fonty», al delantero valiente, goleador, Raúl Neri, apodado «Bigote»; Leonardo Silva, Aníbal López, inmortal «Kolynos» y de los de ahora el uruguayo Nicolás De la Cruz, también en River y de piel morena.
Ambos no muy altos de estatura. Ramírez, fornido, fue arquero en la barriada de Pompeya allá por los´ 40. Uranga «5» de Unión, de buen juego. Un «creativo» en el lenguaje actual. Della Torre en el 56 fue llevado por Argentinos Juniors por entonces apodado el «Tifón de Boyaca»

Della Torre (6to. desde la izq) en su paso por Argentinos Juniors
Tapado por Carlos Alberto Vidal, zurdo que salía jugando desde el fondo, jugó poco Della Torre en primera. Vidal pasó a Huracán y en el 59 ya estaba seleccionado. En tiempos de Silvio Marzolini el puesto de lateral izquierdo se hacía difícil para el resto.
Della Torre padeció el deceso de un hijo suyo muy joven. También periodista. En tanto uno de los descendientes de Raúl se inclinó por el periodismo radial. Todo va con todo.
Wálter volvió en el 58 y en una serie, jugando como central, apuntaló el ascenso de Atlético Mar del Plata, de la B a Primera. Luego a San Isidro. Como director técnico también hizo ascender al club El Cañón un lugar donde lo amaron.
Ramírez tomando enseñanzas de Uranga sostenía: «Un buen periodista, alguien que
está bien físicamente y de la cabeza, energía y sabiduría, sólo se jubila cuando se muere». Raúl escribía notas, «pinturas», acuarelas, en «La Capital» hasta hace poco.
Los sabios no mueren. Eso sí, Antonio Carrizo, si se trata de «cultura popular», en los casos de los dos recordados, apuntando el locutor a «los incunables» por los grandes plásticos, avisaba: «Nos quedan las pinturas. Ellos, lamentablemente, no se reponen»
(*) Columnista de La Señal Medios, Libre Expresión y Mundo Amateur