Robledo Puch: el hombre que se quedó sin un mundo

Más de medio siglo preso, abandonado y penando por una libertad sin destino ni sitio donde vivir. El máximo asesino serial de la historia es hoy tan solo un caso para el morbo social.

 

Tras más de medio siglo tras las rejas, Carlos Eduardo Robledo Puch pasa sus días en soledad, leyendo la Biblia y jugando al ajedrez con otros internos del penal de Lisandro Olmos, una cárcel de régimen de detención semiabierto cercana a La Plata, donde permanece detenido con su salud deteriorada.

Carlos Eduardo Robledo Puch, el mayor asesino múltiple

«Pasa sus días jugando al ajedrez y rezando. Es católico practicante de la orden marianista. Él mata el tiempo», informó a Télam una fuente judicial cercana al «Ángel de la Muerte», quien añadió que «no se sumó a ninguna actividad educativa ni laboral» y que «no recibe visitas de familiares ni allegados» dentro del penal.

En cuanto a su estado de salud, Robledo Puch sufre asma y EPOC, a la vez que tiene problemas de movilidad y «no quiere recibir tratamiento psicológico», precisaron los voceros.

La cárcel donde está alojado tiene un régimen semiabierto, la cual no tiene muros sino un alambrado perimetral y aloja internos que no cumplen condenas por delitos graves o están próximos a recuperar la libertad, donde en su mayoría los presos superan los 60 años.

Según las fuentes, Robledo Puch tiene allí una rutina constante, la cual replica todos los días: se levanta a las 8.30 y a las 9 sale a caminar por el patio del pabellón.

Luego se dirige a la cocina para desayunar y antes del almuerzo se dedica a limpiar la celda y acomodar sus prendas de vestir.

Al mediodía almuerza y después regresa a la celda para descansar, donde suele tomar una siesta hasta las 15.

Tras ello, se levanta y se encuentra en el salón de usos múltiples con otros internos con los que juega al ajedrez y al dominó.

Finalmente, su jornada culmina con la cena a las 21 y se retira a la celda para dormir.

Carlos Robledo Puch, condenado a reclusión perpetua por 11 homicidios

«Quiero morir en libertad, no quiero morirme preso», fue lo que les dijo a sus abogados Diego Dousdebes y Martín Ebra en una sala de visitas de la Unidad 26 de Olmos, días antes del 3 de febrero último, cuando cumplió medio siglo tras las rejas, siendo así el criminal argentino que transcurrió el mayor cantidad de tiempo en la cárcel.

Ante el deseo de Robledo, sus abogados solicitaron la semana pasada a la Sala I de la Cámara de Apelaciones de San Isidro, integrada por los jueces Ernesto García Maañón y Oscar Roberto Quintana, que le otorguen la libertad condicional de su defendido.

En la presentación, a la que tuvo acceso Télam, los letrados justificaron el pedido expresando que la pena de Robledo se encuentra «agotada» ya que cumplió con los 35 años de condena que postula el Código Penal para los condenados a reclusión y prisión perpetua.

Durante sus 50 años en prisión, Robledo Puch pasó por múltiples unidades penitenciarias, la primera de ellas fue la Unidad Penal 9 de La Plata, de donde escapó el 7 de julio de 1973, aunque lo recapturaron 68 horas después.

Permaneció en esa cárcel hasta 1981, luego fue trasladado a la Unidad 2 de Sierra Chica en la que permaneció hasta que el 23 de mayo del 2019, cuando fue internado en el hospital municipal de Olavarría por una «neumonía multifocal».

Y cinco días después, tras recibir el alta, fue derivado a la Unidad 22 de Olmos, donde funciona el hospital penitenciario.

Tras su recuperación, lo trasladaron a la Unidad 26 del mismo distrito, donde permanece alojado en la actualidad.