Francisco habló de los niños y lo hizo hacia afuera y hacia adentro

Lo dijo al enviar un saludo especial a la Asociación Méter, en la jornada sobre los chicos que son víctimas de agresiones. 

Un llamado especial a favor de los niños, lo pronunció el Papa hoy al final de su bendición dominical con el “Regina Coeli” (Reina del Cielo). Asomado a la ventana de su estudio privado, en el Palacio Apostólico del Vaticano, Francisco reflexionó también sobre la parábola de la vid y los sarmientos. Aseguró que un verdadero cristiano cambia todos los aspectos de su vida, porque recibe la “savia” de Jesús.

“Un saludo especial va hoy a la Asociación Méter, en la jornada de los niños víctimas de la violencia. Les agradezco por el empeño con el cual buscad prevenir estos crímenes. Todos debemos comprometernos para que cada persona humana, y especialmente los niños, sean siempre defendidos y protegidos”, dijo, en el momento de los saludos. Se refería a la organización italiana fundada por el sacerdote Fortunato Di Noto y que se ocupa de combatir los abusos a menores.

Ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el líder católico evocó el evangelio de este domingo que relata el momento en el cual Cristo, durante la última cena, sabe que su muerte está cercana.

“Por última vez él está con los discípulos y entonces quiere imprimir bien en su mente la verdad fundamental: También cuándo él no estará presente físicamente en medio de ellos, podrán permanecer unidos a él en un modo nuevo y así dar mucho fruto. Si, al contrario, uno perdiese la comunión con él, se volvería estéril, aún más, dañino para la comunidad”, indicó.

Recordó la parábola de la vid y los sarmientos, en la cual Jesús es la vid, y a través de él – como la savia en el árbol- pasa a los sarmientos el amor mismo de Dios, el espíritu santo. Aseguró que todos los fieles son los sarmientos, y con esa parábola, Jesús quiso explicar la importancia de permanecer unidos a él. Entonces el pontífice advirtió: “Los sarmientos no son autosuficientes, dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra la fuente de su vida”.

Estableció que de esa manera los cristianos, unidos con el bautismo a Cristo, reciben de él gratuitamente el don de la vida nueva, y gracias a la Iglesia, pueden permanecer en comunión vital con Jesús. Estableció que, por eso, es necesario mantenerse fieles al bautismo, y crecer en la intimidad con Dios mediante la oración, la escucha y la docilidad a su palabra, la participación en la sacramentos.

“Si uno está íntimamente unido a Jesús, goza de los dones el espíritu santo, que –como decía san Pablo- son amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de si y, como consecuencia hacen mucho bien al prójimo y a la sociedad, como verdaderos cristianos”, añadió.

Sostuvo que de esas actitudes se reconoce que uno es cristiano, como por los frutos se reconoce a los árboles. Afirmó que frutos de la “unión profunda con Jesús son maravillosos”, porque toda la propia vida se ve transformada por la gracia del espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos y también el cuerpo, porque nosotros somos unidad de espíritu y cuerpo.

Insistió que gracias a esa unión se recibe “un modo nuevo de ser” y la vida de Cristo “se vuelve nuestra”. Es decir, se comienza a “pensar como él, actuar como él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús”. Así, como consecuencia, se puede amar a los demás comenzando por los pobres y los que sufren, llevando al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz.

“Cada uno de nosotros es un sarmiento de una única vida y, todos juntos, estamos llamados a llevar los frutos de esta común pertenencia a Cristo y a la Iglesia. Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que podamos ser sarmientos vivos en la Iglesia y atestiguar en modo coherente nuestra fe, conscientes que todos, según nuestras vocaciones particulares, participamos a la única misión salvífica de Jesucristo, el señor”, precisó.

Fuente: ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ/Vatican Insider