POBREZA: EL TRIUNFO DE UN MODELO

El porcentaje de pobres que muestra la Argentina y los triunfos electorales del populismo en todas sus variantes muestran el éxito de un modelo que a sus cultores le cierra por todos lados. Al país, no.

En las sociedades democráticas, aunque solo lo sean formalmente, un modelo político necesita dos patas para lograr el éxito: una idea que desarrollar y el apoyo suficiente de la gente para establecerse.

En la Argentina el «pobrismo», como bien lo definió Miguel Ángel Pichetto olvidando tal vez los muchos años en los que le cupo un papel protagónico en algunos de los procesos que lo llevaron adelante, se ha convertido en el más exitoso modelo que conozca la historia de nuestro país: nunca antes se había conseguido un avance tan sólido y constante, tan estructural y sostenido durante tanto tiempo como el que a lo largo de las cuatro últimas décadas llevó a la Argentina a integrar el nada envidiable grupo de las sociedades más pobres de la tierra.

Y los actuales índices de inflación. la falta de inversión, el avance de la economía informal, la suplantación de estructuras sindicales por organizaciones sociales dependientes del asistencialismo estatal y la caída perpendicular de la calidad educativa garantizan la continuidad de este camino que tiene por estación final la pobreza estructural y la instalación de una sociedad partida en la que solo los amigos del poder tendrán asegurados altos estándares de vida mientras el resto quedará condenado a correr, generalmente sin éxito, en busca de la mínima subsistencia posible.

Y el éxito de este modelo se sostiene sobre un Síndrome de Estocolmo difícil de explicar en sus comienzos pero por cierto entendible a esta altura: son las propias víctimas de la perversión que conlleva el pobrismo las que alimentan, acompañan y promueven su éxito.

Los gajos de un peronismo que nunca llegó a cerrar el círculo virtuoso para el que sostuvo haber sido creado -consolidar una sociedad con movilidad ascendiente, promover el trabajo a partir de la industria nacional y generar una burguesía propia que le diese representación a la clase media consolidada- terminaron por crear este monstruo decadente, populista y corrupto que está logrando llegar al nivel de pobreza necesario y suficiente para mantenerlo por siempre, y bajo cualquiera de sus muchas denominaciones y pretendidas tendencias, en lo único que realmente le interesa y supone su objetivo: el poder, la plata y los negocios públicos.

Pocas chances le quedan a la Argentina. Los pobres sostienen a quienes los han convertido en tales y el asistencialismo se convierte en objetivo único de quienes han perdido la cultura del trabajo, sentido de futuro y -sin saberlo ni quererlo- su propia dignidad.

Si hasta esta falsa democracia, regida por una Constitución que se negoció como moneda de cambio de un pacto nacido para violarla, garantiza a la nueva oligarquía política una continuidad que poco a poco va trocando en hereditaria.

Ya no se trata de soñar con rescatar pobres de su situación y ponerlos en el camino del progreso. Por ahora solo sirve la defensa propia para no caer, o hacerlo lo más tarde posible, en el abismo de las necesidades.

El pobrismo se ha consolidado como el modelo más exitoso de nuestra historia. Y está todo dicho…

 

Nota de Adrián Freijo publicada en Libre Expresión el 31 de marzo de 2021