Los Zapp, la familia argentina que recorrió el mundo con un auto de 1928

Herman Zapp compartió un mensaje inspirador tras concluir en Buenos Aires un viaje por el mundo que duró 22 años. Junto a su mujer, Candelaria, cumplieron un sueño que parecía imposible y que se convirtió en una hermosa realidad.

La idea inicial era llegar a Alaska en seis meses, pero tardaron cuatro años de pleno disfrute conociendo gente durante un camino fascinante. Como para los Zapp «lo lindo de cumplir un sueño es vivirlo, no terminarlo», decidieron seguir adelante y avanzar. Con esa mentalidad llegaron a Australia y desde ahí continuó un recorrido que incluyó Asia, África, Medio Oriente y Europa hasta cruzar en velero hacia el Atlántico.

Aunque el auto antiguo que los transportó se ve muy pintoresco (un Graham-Paige de 1928), no daba muchas garantías de poder continuar mucho tiempo. Y pasaron 22 años… «No era que no estábamos preparados para el mundo, el mundo estaba preparado para nosotros», dice siempre Herman Zapp a la hora de definir la hazaña. Es que de acuerdo a su filosofía, no tiene gracia tener todo planificado para salir de viaje porque hay que «darle tiempo a la sorpresa, a lo que el camino tiene preparado».

Cuando salieron al mundo no había redes sociales y apenas conexión a internet. «Ni siquiera teníamos celular. Había que encontrar un cibercafé. Era re difícil estar comunicados. Teníamos que usar los teléfonos públicos y hacer llamadas por cobrar. Un llamado muy de vez en cuando y corto. Ahora es al revés, es muy difícil estar ‘descomunicados’, pero aprendimos a poner los celulares en modo avión», contó en Radio Brisas.

En diálogo con la periodista Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo, Zapp compartió sus sensaciones a pocos días de haber vuelto a Buenos Aires para darle un cierre a esta travesía histórica. «Nunca fuimos bloggeros o youtubers. No queríamos salir al mundo para que nos conozcan sino para conocer el mundo«, aseguró.

Lo más novedoso de este viaje es cómo la pareja viajera se convirtió en familia con el correr de los kilómetros. «Siempre quisimos ser una familia numerosa. Llevábamos ocho años de casados y dos de viaje y teníamos unas ganas inmensas de ser familia. Primero nos agarró el pánico porque pensamos que era imposible seguir viajando. Pero nos dimos cuenta que viajar en familia era maravilloso y agrandamos el auto porque sabíamos que queríamos más hijos«, recordó sobre esa decisión que potenció la aventura.

La educación de los chicos en pleno viaje sin rumbo fijo no fue un problema. Al respecto, detalló los beneficios del sistema de enseñanza a distancia al que pueden acceder hijos de argentinos que están en el exterior: «Argentina es uno de los pocos países que tiene este sistema hecho por el Ministerio de Educación. Es excelente porque hay buenísimas maestras que además le enseñaron a Candelaria a ser maestra. Fue fabuloso. Ellos no solo estudiaban sino que lo ponían en práctica. Lo que estudiaban lo encontraban en el mundo en cada lugar que estaban. Estuvieron en la tumba de Tutankamon, en la base del Everest, en tantos campos de batalla. Lo que vivieron no se olvidan más».

El más grande tiene 19 años y el más chico 13. Adolescentes que pudieron transitar una experiencia única. «Por el hecho de nacer y vivir en un sueño, ellos saben que los sueños se pueden cumplir. Esa es la mejor enseñanza para que tengan un empuje para sus futuros sueños», afirmó Zapp como papá orgulloso.

¿Por qué volver a Argentina después de conocer el mundo? La respuesta es sencilla: «Volvimos a Argentina porque es nuestro hogar, nuestra familia está acá. El lugar más lindo para vivir es donde está tu familia. Conociendo el mundo, no te voy a decir nunca que Argentina es el mejor lugar del mundo. Es un punto de vista de cada uno. Argentina no es fácil, pero me encanta cómo es ser argentino. El argentino es muy amiguero, aventurero, le encanta hacer cosas juntos, es abierto, viajero. Pero volvemos por la familia».

Para conocer el mundo hay que dar el primer paso

Así definen los Zapp cómo lograron cumplir su sueño: «Fue posible porque nos animamos a dar el primer paso. Abrir la puerta del mundo que siempre estuvo abierta. Uno no estaba preparado, pero el mundo sí estaba preparado. No es salir a recorrer el mundo, es decir: ‘vayamos al próximo pueblo’. El gran motivo para seguir viajando es conocer gente. Podemos conocer iglesias, ruinas, monumentos y playas, pero ellos fueron nuestros maestros: la gente. Cada uno tiene su historia. Lo lindo es que la gente te abra sus puertas».

Entre tanto viaje sin parar, la llegada de la pandemia cambió un poco los planes, pero supieron aprovechar la oportunidad. «Fuimos desacelerando en Brasil por el Covid. Veníamos de viajar un día y quedarnos tres días en un lugar. Tuvimos que ir parando. Tres meses en San Pablo, dos meses en Bombinhas, en Florianópolis. Le sacamos el jugo a la situación porque estuvimos escribiendo tres libros más. Y fue buenísimo», narró.

Recién llegados a Buenos Aires, eligieron el Obelisco como lugar simbólico del regreso ya que había sido el punto de partida. Una multitud los esperó el domingo pasado. Amigos, familia, seguidores y conocidos les dieron una cálida bienvenida con abrazos, alegría y mucha emoción. Muy diferente a lo que fue aquel día que decidieron partir. «Cuando salimos no vino nadie a despedirnos. Ni nuestras familias. No vinieron porque decían que éramos unos ridículos que nos íbamos a quedar al otro día con ese auto», contó entre risas.

Todavía emocionado por la calidez del reencuentro con la familia, Herman Zapp le habló a aquellos que no se animan a cumplir sus sueños: «Diría que se tomen la vida en serio. Esto no es para siempre. Vinimos a cumplir nuestro sueño. Nunca hubo un ser como vos en la historia de la humanidad. El universo está hecho para vos y es lindísimo. Salí que es lindísimo. No lo dudes. Sumate a dar ese primer paso. Nosotros somos como cualquier hijo de vecino y nos animamos. Hay otro mundo más humano y es re lindo. Los libros que escribimos quieren dar un mensaje. No es contar lo que hicimos sino decir: ‘Mirá lo que podés hacer'», dijo en relación a sus tres publicaciones «Atrapa tu sueño», «Atrapa tu sueño con ganas», y «Atrapa tu sueño de una vez» a las que se puede acceder por pedido online.

Dejar todo o ir por todo

¿Qué hacía Zapp antes de empezar a cumplir su sueño? Lo responde con la gran satisfacción de haber tomado la decisión correcta para cambiar el rumbo de su vida: «Tenía una empresa pequeña de cableado y fibra óptica. Nos estaba yendo muy bien. La tuve durante siete años. Pero uno no tiene que llegar a ser exitoso por cómo le va económicamente, sino por lo que lleva en su corazón. Esa es la verdadera riqueza. Volví de este viaje más humanizado, menos nacionalista, más sensible. Creo que hay que animarse a ir por lo que te llena. La duda siempre es ´Cómo voy a hacer para dejar todo’, pero no estás dejando todo, estás yendo por todo. Tenía una oferta de trabajo gigante que iba a durar dos años. Me decían que me quedara. Menos mal que no los escuché. Al final, todo se fue al diablo. Mis insumos eran en dólares y me pagaban en pesos. Cada vez que escucho al corazón todo tiene más sentido».

Y profundizó sobre esa idea al afirmar que «fuimos formateados. Nos borraron la idea de seguir los sentimientos, pero el verdadero ser humano es más emocional que racional. Para ingresar al sistema tenés que ver cuál es tu límite. Tampoco estar en contra del sistema porque hay que vivir en sociedad. Todo lo que sea ´ismo´ tenemos que tratar de evitarlo. Tenemos que amar nuestras cosas pero no pasarnos de la raya porque te empezás a enceguecer. El mundo fue hecho por Dios y los humanos lo dividieron. Y también nos dividieron en religiones. Hay que ser más abierto, cuando veo una foto del planeta tierra, yo veo mi casa y veo que en este mundo no hay ni un solo ilegal. ¿Quién decidió las fronteras?».

Por último, compartió otra sabia reflexión: «Antes de salir solo pensaba en la camiseta argentina. Gracias a Dios, crecí. El mundo me mostró que soy bienvenido en cualquier parte aunque sea de otro lado. Somos iguales aunque nos vistamos distinto, comamos distinto o recemos distinto. Al final, terminamos hablando de lo mismo: familia, amor, viajes y sueños».

Escuchá la nota completa con Herman Zapp en diálogo con Florencia Cordero en Un Lugar en el Mundo