Mar del Plata vibró con la magia de Jorge Drexler

Con un dominio del arte de la comunicación, el cantautor uruguayo condujo una noche inolvidable que pasó por todos los climas gracias al oficio de un anfitrión que hilvanó canciones y  palabras en un equilibrio musical perfecto.

Por Florencia Cordero

Por Florencia Cordero

De la mano de un Drexler pleno, radiante, locuaz y efectivo, la velada transcurrió con fluidez como ese péndulo que él mismo describió yendo y viniendo entre las canciones más oscuras y las más festivas, desde la profundidad de “12 Segundos de Oscuridad”, pasando por una reforzada versión de “Transoceánica” -potenciada por el respaldo de una sólida banda que le dio al show una calidad musical superior- hasta levantar a todo el público para moverse al ritmo de la inefable “Bailar en la Cueva”.

Y como siempre resulta necesario en una presentación de Drexler un segmento más íntimo, sólo con guitarras y voz, fue un verdadero deleite ese tramo que incluyó la zamba “Alto el fuego” (previo pedido de permiso a los argentinos para meterse con el género), las décimas de la “Milonga del Moro Judío” y la historia de cómo se compuso, la canción de agradecimiento a Joaquín Sabina (“Pongamos que hablo de Martínez”) con la correspondiente anécdota de la ocasión en la que se conocieron aquella noche loca en Montevideo cuando el español le sugirió que llevara sus canciones a Madrid, y otras “perlitas” imperdibles con la sensibilidad a flor de piel.

No faltó la mención de reconocimiento a Mercedes Sosa a la hora de interpretar “Sea” y sobresalió por peso propio el recuerdo al fallecido Tom Petty con la introducción y cierre de su tema “Free Falling” para insertar en el medio un fragmento de “Antes”, un clásico en el repertorio de Drexler, en lo que resultó una propuesta musical redonda y creativa para homenajearlo. Todo presentado en una escena visualmente cuidada y prolija que complementa una idea artística acorde el contenido musical.

Después de arrasar sin respiro con un repaso por varias etapas de su evolución musical, Drexler demostró que no le teme a los hits y se lanzó con alegría a volver a cantar “Me Haces Bien” para seguir demostrando que no se trata de un cantante de jingles (por si a alguien le quedaba alguna duda). Además de su precisión vocal y una soltura escénica notable, el uruguayo hace gala con gracia de su fluido manejo del diálogo con los espectadores que gritan, piden temas o aplauden en el momento equivocado -en lugar de hacer chasquidos con los dedos- y hasta se da el lujo de dejar a todo el auditorio literalmente mudo con su particular canción “Silencio” que encierra un mensaje concreto vinculado a la comunicación de estos tiempos con la inusual propuesta de vivir al menos por unos segundos la particular experiencia del silencio compartido.

La presentación de su último disco “Salvavidas de Hielo” fue la excusa para el reencuentro con los marplatenses que colmaron el Radio City y que esperaban ávidos no sólo compartir las nuevas canciones sino también aquellas que marcaron el camino en otras épocas cuando los seguidores eran unos pocos que no llegaban a llenar una sala chica. Es por eso que se hizo notar la emoción de quien hoy es un artista consagrado a nivel internacional que no se olvida de aquel tiempo en el que uno de sus discos vendió 33 copias mientras ejercía su profesión de médico en Uruguay.

Y el final fue una oda compartida entre los artistas en el escenario y el público de pie desde sus butacas con “Quimera” y esa letra que deja una sensación sobrevolando en el aire de poder interpretar ese sello de autenticidad que tienen aquellos que componen canciones desde lo más profundo siendo fiel a su propia esencia que es en definitiva lo que distingue a Drexler del resto.