CORRIENTES: ¿LA TIERRA DEL LIBERTADOR VUELVE A PARIR LIBERTAD?

Entre las llamas la consumen y en tiempos del exilio de sus hijos, ese que San Martín conoció en las puntas de su vida, arde un país arrasado por su clase política y al que su gente busca rescatar.

 

Corrientes arde en medio de la impericia y el desinterés de una clase política impresentable, ominosa y que solo requiere de la mezquindad, la incultura y la codicia para poder formar parte de lla.

El estado nacional, el congreso, la justicia, los organismos específicos y todo lo vinculado a la institucionalidad argentina parecen ponerse de acuerdo para evadir la realidad, humillar la razón y dejar en soledad a tanto argentino que sufre los embates del fuego, la perdida de sus bienes y la huida de la esperanza hacia los territorios de la frustración, el dolor y la tristeza.

La tierra que vio nacer al Libertador, que lo vio partir siendo un niño hacia un destino que solo el peso de sus raíces argentinas pudo torcer y lo ungió como representante supremo de su independencia y soberanía para luego condenarlo a un nuevo exilio del que ya no regresaría vivo, parece conmoverse desde su entraña para mostrar, en el ejemplo de miles de argentinos que hoy dirigen sus pasos y acciones contra el fuego que todo lo destruye, que aquel ejemplo de José de San Martín encarnó en cada uno de ellos y, por fin, parece querer salir del letargo al grito de «seamos libres que lo demás no importa».

¿Libres de qué?…

De los parásitos que nos gobiernan…

De los mentirosos que creen que con discursos y publicidad puede ocultarse la realidad de una nación decadente y arrasada…

De los que apuestan a que el tiempo hace que todos los desmanes se olviden…

De los que se apropiaron del estado, de nuestras vidas y de nuestros bienes…

De los que creen que nunca habrá que rendir cuentas…

De los que no son ni siquiera capaces de ver, en defensa propia, que un tsunami de furia popular se acerca a las costas tomadas por la avaricia, el egoísmo y la corrupción y terminará aniquilando a una raza de políticos impresentables que todo se lo robaron y por todo deberán, aunque hoy no lo crean, rendir cuentas más temprano que tarde.

Corrientes dejará de arder pero cada ceniza, cada recuerdo, cada lágrima y cada historia heroica será una lámpara votiva que ya nadie podrá apagar.

Tan obscena como la ocupación española en tiempos en los que ni siquiera los usurpadores podían sostener su propia tierra de los embates napoleónicos, la etapa de los incendios en la querida provincia marcarán un antes y un después en la Argentina.

Todos a una, sin distinción de edad, credo, ideología -si hablamos de la puja de ideas y no de la mediocre inmadurez de la grieta que sirve para ocultar la incapacidad de pensar y entender que hoy atraviesa a demasiados compatriotas de uno u otro lado- los argentinos nos unimos para salvar a los corrientes, sus cosas y sus sueños.

«Más ruido hacen cien hombres que gritan que cien mil que están callados» dijo el Padre de la Patria. Hoy los cien mil braman su bronca y hartazgo y los cien, que encarnan una casta de privilegiados e inútiles que pomposamente se hace llamar «clase política» se sostienen en consignas gastadas, aisladas de la realidad e insuficientes para salvarla de un futuro al que no se le arrienda ganancia.

Estos fuegos, irónicamente, nos sacarán de aquellos infiernos.