De Mar del Plata a la NBA: Iván Maggi, un hombre hecho a sí mismo

A los 15 años empezó a mandar videos por correo para conseguir una beca para jugar al básquet y estudiar en Estados Unidos. Nunca imaginó que el destino tenía un lugar reservado para él en la NBA.

Iván es el hijo de Diego Maggi, exjugador de la selección argentina durante 14 años. Solo por eso suena bastante lógico que el básquet sea una de sus pasiones. Para hacer su propio camino como deportista, tuvo un primer impulso de armar videos de sus jugadas para enviar a Estados Unidos y conseguir una beca para terminar la secundaria allá. «Intenté ir a un high school, pero la realidad es que yo no era un gran jugador. Me tuve que empezar a hacer de abajo y ser mi propio jefe de marketing», recordó Iván en Radio Brisas desde New York.

No logró su primer objetivo, pero no bajó los brazos. Cuando empezó la etapa universitaria, redobló esfuerzos y volvió a insistir mandando sus videos por correo (que había pasado de VHS a DVD) para poder acceder a una beca que lo insertara en el ámbito académico estadounidense. «No pude conseguir en un secundario y empecé a buscar universidades. Después de mucho golpear puertas y muchas negativas, di con una Universidad y 11 años después todavía sigo acá«, resumió de manera simple el joven marplatense que se recibió en Nueva York como especialista en Finanzas y que hoy ocupa un importante puesto en la Asociación de Jugadores de la NBA .

La historia no fue tan sencilla. Iván Maggi luchó por su posibilidad en el exterior, se adaptó, obtuvo sus progresos, evolucionó y se convirtió en un «self made man», un hombre hecho a sí mismo que terminó encontrando un trabajo soñado casi sin querer. En diálogo con la periodista Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo, narró con lujo detalles el intenso camino que tuvo que recorrer desde aquella idea inicial de conectar el básquet con el estudio para empezar una vida totalmente nueva.

– ¿Cómo se dio esa primera oportunidad?

– Nunca bajé los brazos. Tenía la filosofía de que lo peor que podía pasar es que me digan que no. Hace 12 años no era tan fácil como ahora en Youtube. Pasé mis videos de VHS a DVD y mandé todo por Correo Argentino. Hay tantas opciones que era muy difícil saber a cuál mandar. Tiré todas las líneas posibles. Hasta que di con un entrenador de Miami que había ido a Argentina a dar una clínica y a través de él llegó la oportunidad en Nueva York. En un momento había surgido una chance en una universidad militar de New México. El día y la noche comparado con lo que terminó siendo. Tenía todo listo y un día me dijeron que por la crisis económica no tenían los fondos para llevarme y se canceló. Estaba convencido. Quería hacerme de abajo.

– ¿Te impulsaba la idea de jugar o sabías que también tenías la chance de la preparación académica para el futuro?

– Sabía que no era un gran atleta, pero pensé que un cambio de entorno podría mejorar mi nivel. Tenía condiciones físicas, pero me faltaba dar ese salto. Mi cabeza fue cambiando a través de los años. Me gustaba la posibilidad de estudiar y jugar a la vez, algo que en la Argentina es casi imposible. Quizás se facilite post pandemia y se pueda estudiar más online. Al principio fue mucha adaptación. No entendía nada. Había tenido buenas notas en mis exámenes de inglés, pero me di cuenta de que no sabía nada. Los entrenamientos eran con mucha intensidad. Me sentía en buena forma cuando llegué, pero el primer día quería llorar.

– ¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que tu camino iba por el título académico y que por ahí iba a ser tu salida laboral?

– En un momento le dije a mi entrenador que me transfiriera y me empecé a desconectar del básquet. Quería jugar más minutos, estaba de novio… Fue una cadena de cosas que derivó en mi salida del equipo en el final del segundo año. Se fue dando de a poco. No fue una desilusión de golpe. Me hubiera gustado seguir con el básquet, pero en ese momento no me afectó porque tenía otras cosas en la cabeza.

– ¿Con qué título te recibiste?

– Me recibí con un título en Finanzas. Empecé con Administración de Empresas y ya casi lo tenía terminado en dos años y medio. Cambié a Finanzas, terminé la carrera y en Nueva York me enamoré del mundo de los bancos. Mi primer trabajo fue en JP Morgan, un banco de inversión. Estaban buscando una persona para un trabajo temporario. Quería entrar de la manera que fuese. Me contrataron full time y estuve unos dos años hasta que me fui a Morgan Stanley. Ahí estuve unos nueve meses en Administración de Fondos de Inversiones Alternativas.

– ¿Siempre viviste en el mismo lugar?

– En los cuatro años de la Universidad estuve en una zona residencial cerca de donde viven muchos jugadores de los Knicks. Después estuve en Queens, Manhattan y Brooklyn. Hace unos años volví a Manhattan y ya me muevo. Siempre me gustó vivir cerca del trabajo.

– ¿Cómo empezás a transitar ese camino que te lleva a ser parte de la NBA desde el sindicato de jugadores?

– En 2012 Pablo Prigioni firmó con los Knicks. A través de amigos en común nos pusimos en contacto y nos hicimos amigos. Empezamos a ir juntos a los partidos, íbamos a cenar. Nunca tuve el objetivo concreto de trabajar en el básquet. No era prioridad, pero estaba dispuesto si aparecían oportunidades. Conocí a mucha gente, entre ellos el exjugador español José Calderón y por él conocí a mi jefe actual. Se abrió una posición y empezaron con las entrevistas. No sabía bien qué era la Asociación de Jugadores. Fue todo un proceso de aprendizaje.

– Cuándo tu actual jefe entendió que aplicabas por el puesto, ¿qué vio que vos tenías para ocupar esa posición atendiendo las necesidades de los jugadores de la NBA desde las estrellas máximas hasta los internacionales que se incorporan? 

– Tenía llegada a los jugadores de manera genuina no por interés económico, de fama o lo que sea. Tampoco era el amigo que los sacaba de joda o el que los llevaba a cortarse el pelo. Para un jugador respetado no es fácil llegar hasta ese punto. Pidió recomendaciones a Pablo Prigioni y a Thiago Splitter. Las relaciones me hicieron llegar a ese nivel de entrevista pero, después, la referencia directa de ellos concretó la oferta. Mi posición no existía. El equipo internacional lo manejaba una sola persona. Puedo decir que estuve en el momento y en el lugar indicado.

La experiencia de la Burbuja de la NBA

La NBA montó una estructura perfecta para poner en marcha la temporada que estaba en curso cuando estalló la pandemia. Como integrante de la Asociación de Jugadores, Iván Maggi vivió la experiencia desde adentro y dio testimonio en primera persona de lo que ocurre cuando en una organización todo funciona a la perfección.

– ¿Cómo catalogás la experiencia dentro de la burbuja?   

– Fue increíble haber podido vivir algo tan histórico que espero que no se vuelva a repetir. Lo que hicieron en la burbuja es increíble. Todos los protocolos a tope para asegurarse que no haya transmisión. Todos protegidos. Estaba todo preparado para que no pase y, en caso de que pase, también estaban preparados para combatirlo. Todos aislados, ese es tu mundo, no podés ver a nadie. Estaba todo cubierto. Cada uno tenía un rol y una responsabilidad de cumplir las normas. Había un termómetro y para medir oxígeno en sangre. Había que abrir una aplicación, tomarnos la temperatura, completar el cuestionario y, si no, no podías acceder a ciertas secciones. Nos hacían hisopados todos los días con resultados en 12 horas. Si detectaban un positivo podían aislar a través de un dispositivo de proximidad.

– Scottie Pippen dijo que era como jugar partidos amistosos, pero se olvidó de entender que estamos en un contexto de pandemia…

– Sin público era raro el primer partido y después te vas acostumbrando. Te sumergís en los sonidos del parlante. Hay un DJ que maneja todos los sonidos típicos de la cancha. Le ponen cada sonido a cada cosa como si hubiera 20.000 personas. Cerrás los ojos y sentís que estás en un estadio repleto.

– Al ser un aislamiento tan estricto, ¿qué posibilidades había de esparcimiento?

– Teníamos que estar encerrados dentro del campus de la NBA que estaba dentro de Disney. Por ejemplo, Magic Kingdom no era accesible para nosotros. Había tres hoteles de la nba y la zona de estadios. También había otras actividades como golf, ir a pescar, navegar en los lagos de Disney en barcazas para ocho jugadores. Salones de reuniones para jugar al póker o a lo que sea, un par de restaurantes y no mucho más. La pandemia y la burbuja era algo totalmente nuevo y no dejaba de haber incertidumbre. Si hubiera habido un brote de casos, hubiera sido difícil. En materia de organización, la NBA lo hizo perfecto.

Escuchá la nota completa con Iván Maggi en Radio Brisas: