PARÍS: EL ALTO PRECIO DE LA INGENUIDAD

El atentado en París nos empuja con más fuerza a la necesidad de asumir las cosas como son y no como Occidente quisiera que fuesen. Es una guerra y debe tratarse como tal.

 

Occidente suele cometer pecados de ingenuidad; sería largamente ocioso enumerar las consecuencias de semejante error, pero baste con recordar que en un momento creyó que Hitler se conformaría con los Sudetesy pocos años después del holocausto que causó aquella equivocada evaluación creyó que Stalin estaba peleando por la libertad de los pueblos oprimidos por el nazismo.

 

Así financió la llegada de Castro a Sierra Maestra y así consintió en el apoyo de tantos gobernantes que al final se convirtieron en sus enemigos.

 

O imaginó que los acuerdos de Camp David iban a tranquilizar una región convulsionada, olvidando que allí se juega mucho más que el petróleo que tanto le interesa y que lo que ya por entonces se observaba eran los albores de una Guerra Santa.

 

Y aunque parezca mentira, Occidente sigue hoy pecando de ingenuidad.

 

Lo hace al creer que la cuestión podrá zanjarse con presencia de tropas y media docena de guerras regionales, sin entender que su soldadesca invasión es mucho menos eficiente que la otra, la cultural, que han ido desarrollando sus enemigos más enconados que desde el fondo de la historia asoman con el nombre de Islam.

 

Poco importa ahora si el Islam es una religión de paz o de guerra; e importa poco porque el Islam “activo” es fanático, violento y solapado, aunque cuantitativamente sea infinitamente menor que el Islam “pasivo”, que condena aquella violencia pero nada hace para evitarla.

 

Quienes en nombre de Alá van por el mundo asesinando personas, suelen contar invariablemente con la tibieza, cuando no la complicidad, de hermanos de religión que cuando repudian parecen estar diciendo “si, pero…”.

 

Occidente está en riesgo, sus bases morales, culturales y económicas están en riesgo; sus instituciones están en riesgo y su futuro como identidad está en riesgo.

 

Hay que decirlo ahora y decirlo con todas las palabras: es una guerra y uno de los contendientes ha resuelto desde siempre que cualquier paz es indigna.

 

Y ha planteado una alternativa de hierro que se sintetiza en la frase “o ellos o nosotros”.

 

¿Qué debe hacer Occidente?; muy sencillo, no cometer la ingenuidad de creer que ese apotegma puede ser cambiado.

 

Y actuar en consecuencia…